Primitivo: tercera etapa
Puede que esta sea la última entrada del Camino en unos días. El Camino no para, sigue tu ritmo, te respeta y te ayuda cuando no puedes más.
En cambio, temo que abusar le quite la magia. Temo que narrar una rutina, que por muy diferente que sea cada día no deja de ser una de las rutinas más bonitas, convierta en rutinaria una experiencia única.
Podría hablarte de babosas, de sapos, de conciertos en directo, de susurrarle a vacas y caballos, de lo que te regala el Camino en forma de personas maravillosas que no pierden la sonrisa, de Salas, de nuestro Salas, de la cerveza frente a un paisaje de película y de muchas cosas más, pero no quiero que todas ellas pierdan la magia.
Cada Camino es único y no es probable que a la salida de un pueblucho pequeñito comience a seguirte un cachorro mestizo bien grandote, que haga contigo unos 8 kilómetros y que te sustituya por unos obreros que iban a empezar a comer... ¡Comida!
Terminábamos etapa en el pueblo Salas y decidimos bautizarlo como Salas.
Es asombroso observar cómo llegó de la nada y un rato con nosotros lo convirtió en la anécdota del día y, porqué no, una de las más bonitas de esta experiencia.
Vive El Camino.
SEGUIMOS SOÑANDO.
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