Primitivo: primera etapa

Es difícil describir la satisfacción que se siente cuando después de seis horas y pico sin parar te sientas en tu camita, que más que sentarte es un desplome total.

La lista de desperfectos no es corta, aunque sin duda lo que más me duele son el miedo y la incertidumbre de no saber si mañana los pies me dejarán tomar la salida. 
Como en la vida, muchas veces se espera mucho, incluso demasiado, y se dan por hecho cosas que bien lejos están de ser sencillas de resolver. 

Ese negativismo no es propio de estos lares. Algunos podrán pensar que ya queda un día menos de sufrimiento para llegar a Santiago, mientras que aquí la gente se lamenta de que quede ya un día menos de disfrute, camino y peregrinación. 

Envidio ese espíritu luchador, más aún cuando solía invadirme en este tipo de hazañas. 

Ese es mi propósito para estos primeros días: contagiarme de ese espíritu luchador.


SEGUIMOS SOÑANDO.

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