Primitivo: parte I
8:25. Tras unos minutos andando...
Desde niño me han gustado los coches, no tanto los modelos sino la capacidad que tienen por sí mismos; lo que significa e implica el coche en sí.
Me hubiera encantado haber estudiado la composición y forma de los motores, de todos ellos. Debe ser divertido poder jugar, cambiar, sustituir, mejorar... etc, a tu antojo.
Cada vez que veo un "motor casero" revive en mí ese sentimiento automovilístico. Trato de compararlos y, aunque tratando de solventar las insalvables distancias, no puedo evitar sonreír como un tonto al ver de lo que son capaces.
No me gusta madrugar, por muchos es sabido. Tampoco me apasiona andar, a pesar de lo encantado que estoy de poder cumplir este sueño, hay mañanas que las ampollas pasan una factura al limite de mis posibilidades.
Sin embargo, no es eso lo que me hace recordar el poder que tienen los motores. Lo que me deja atónito es que mi motor siga funcionando cuando es consciente de que le quedan un porrón de horas por delante, con facturas que le mantienen al borde del acantilado.
23:57. 31 kilómetros hechos.
Y las facturas fueron demasiado grandes y el reto demasiado bonito para ser cierto. Me duele haber sido yo quien ponga punto y final a esta aventura, con todo lo que la palabra implica; con tantas y tantas anécdotas que no queríamos recordar hasta llegar al final para reírnos de todas ellas juntas.
Hoy más que nunca: no importa el destino, importa lo que andes y vivas hasta llegar a él.
SEGUIMOS SOÑANDO.
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