Primitivo: etapa octava

Es inevitable hablar de aquello que ocupa gran parte de mis días. Al principio, cualquier pequeño detalle de mi nueva rutina me parecía encantador y único; ahora hay algunos que mataría por continuar teniendo, en su justa medida para que no pierdan su esencia, mientras que por culpa de otros cuento los kilómetros que me restan para llegar a Santiago.


Las dos caras de una moneda.

Inevitable es que caiga de un lado o de otro y es que en virtud del momento del día o de lo duro que esté resultando la recuperación de los desperfectos, me decantaría por cualquiera de los extremos. Casi cambio más de opinión que kilómetros hago en un día.


Desde hace mucho que lo pienso: conforme más horas pasas encima del sillín de la bici, más vueltas le doy a las cosas. Por lo general me suele salir bien la jugada, sin embargo la mente humana puede ser muy traicionera y mientras trato de aprender de mis propios errores, cometo los mismos en cuanto pienso haberlo superado... Puede que sean demasiadas horas solo con mis ideas.

Viva el camino, no el destino.


SEGUIMOS SOÑANDO.

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