¿Tarde?
Vuelvo a ser yo mismo, a sonreír por méritos propios, a cuidar mis propias ilusiones y a saber apreciar los grises y disfrutar de los blancos y negros. Mejor dicho, a no hundirme sobremanera cuando llegan de la forma menos esperada.
No lo comprendo pero me instan a creerme lo que escapa a mi entendimiento. Dicen que es uno de los problemas de la sociedad de hoy en día. Lo comparto.
Las necesidades cambian, igual que los gustos y los compromisos. La gente teme comprometerse; es mucho más fácil tener la opción de romper un papel con un garabato, es más sencillo jugar con el as bajo la manga a sabiendas de que si algo se tuerce podrás tirar la toalla a las primeras de cambio.
Es más fácil bajar los brazos cuando crees no aguantan más tiempo haciendo fuerza.
Es más fácil cambiar de juguete que repararlo. Es mucho más fácil dejarse gustar por un cachorro que enseñarle cómo hacer bien las cosas.
Es mucho más fácil disparar y luego preguntar, o no si quiera hacerlo.
Hace tanto tiempo que abandoné el camino que ni recordaba lo que se siente. Tanto es así que sigo dudando haber vuelto a él.
Que la esperanza sea lo último que se pierda.
SEGUIMOS SOÑANDO.
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