Juntos

Su sueño tenía nombre propio. El de él, el de ella, el de ellos, el de su "nosotros"; Nueva York.

Soñaron con eso desde que comenzó el nosotros.
Soñaron con que ese sería su refugio, al que irían cuando las cosas fueran bien fuera de esa burbuja en la que nada ni nadie se iba a meter nunca. Y se cumplió, al menos la segunda parte.
Soñaron con un estudio, uno muy amplio; con una cama de sábanas verdes oscuras, ni muy claras ni muy oscuras. En los detalles encontraron la magia.

Soñaron con que lo primero que verían al despertar sería al otro, de pie, en su cocina americana, haciendo el desayuno semi desnudo.
Soñaron con no tener horarios, con salir a dar una vuelta cuando nada les apeteciera más, ver una película cuando nada les apeteciera más, y con vivir sumidos en un abrazo eterno de esos que nunca se olvidan, porque nada del mundo, jamás, les apetecería más.

Soñaron muchas más cosas. Soñaron con beber hasta emborracharse, juntos. Soñaron con viajar, viajar hasta desfallecer, juntos. Soñaron con caminar, conocer, reír, recordar, disfrutar, salvarse, amarse y envejecer juntos.

No recuerdo bien sus nombres. Creo que se ella se hacía llamar Maggie, y para mí él siempre tuvo cara de Miguel Ángel.

Pienso en ellos y se me vienen muchas cosas a la cabeza. Entre ellas, todos y cada uno de los sueños que un día fueron suyos.


SEGUIMOS SOÑANDO.

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