Condenados a repetirla (I)
Hay quienes dicen que se deberían impartir más clases de filosofía en las escuelas para que las personas conociéramos más de nosotros mismos y así ser mejores personas. También los hay que optan por intensificar las horas docentes de lengua y literatura con el fin de que sepamos expresarnos mucho mejor y así poder ser mejores personas.
Se suele decir que quien no conoce la historia está condenado a repetirla. Llevo días y días dándole vueltas al tema, un tema que tanto me apasiona como me horroriza: las guerras mundiales.
Cuando alguien te menciona alguna de ellas, lo normal es bajar la cabeza, afirmando que aquello fue un desastre que no debería haber ocurrido, pero que como tampoco nos toca de cerca, no merece más que un breve momento de nuestro precioso tiempo. Tanto es así que según lo que se elija en la escuela secundaria y el bachillerato en este país, puede ni estudiarse.
Los debates de hoy en día se ganan aportando datos que destrocen al rival, y a pesar del respeto que me imprime este tema, creo que no es mala idea arrojar algún frío dato que te demuestre tal horror.
Hablábamos de nuestro precioso tiempo. En virtud del historiador con el que topemos, entre ambas grandes guerras se podría hablar de hasta 85 millones de personas muertas, entre civiles y militares. 85, 85 millones. ¿Qué hay del tiempo que todas esas personas perdieron?
De hecho, al finalizar la Gran Guerra, se la llamó así porque a pesar de que "solo" habían muerto unos 9 millones militares y 7 millones de civiles, fue la guerra más importante y devastadora hasta el momento.
Hasta que unos años más tarde llegó la Segunda, en la que perdieron la vida entre 50 y 70 millones de personas.
Sin embargo, el motivo que más me aterra y por el que cada vez que lo pienso sufro más, es el de los exterminios durante la Segunda Gran Guerra. Lo mires por donde lo mires, guerras ha habido desde tiempos inmemoriales y las seguirá habiendo, Dios mediante. En cambio, exterminios, a pesar de que también ha habido anteriormente, ninguno tan salvaje y premeditado como el ocurrido hace menos de cien años.
Continuará...
SEGUIMOS SOÑANDO.
Se suele decir que quien no conoce la historia está condenado a repetirla. Llevo días y días dándole vueltas al tema, un tema que tanto me apasiona como me horroriza: las guerras mundiales.
Cuando alguien te menciona alguna de ellas, lo normal es bajar la cabeza, afirmando que aquello fue un desastre que no debería haber ocurrido, pero que como tampoco nos toca de cerca, no merece más que un breve momento de nuestro precioso tiempo. Tanto es así que según lo que se elija en la escuela secundaria y el bachillerato en este país, puede ni estudiarse.
Los debates de hoy en día se ganan aportando datos que destrocen al rival, y a pesar del respeto que me imprime este tema, creo que no es mala idea arrojar algún frío dato que te demuestre tal horror.
Hablábamos de nuestro precioso tiempo. En virtud del historiador con el que topemos, entre ambas grandes guerras se podría hablar de hasta 85 millones de personas muertas, entre civiles y militares. 85, 85 millones. ¿Qué hay del tiempo que todas esas personas perdieron?
De hecho, al finalizar la Gran Guerra, se la llamó así porque a pesar de que "solo" habían muerto unos 9 millones militares y 7 millones de civiles, fue la guerra más importante y devastadora hasta el momento.
Hasta que unos años más tarde llegó la Segunda, en la que perdieron la vida entre 50 y 70 millones de personas.
Sin embargo, el motivo que más me aterra y por el que cada vez que lo pienso sufro más, es el de los exterminios durante la Segunda Gran Guerra. Lo mires por donde lo mires, guerras ha habido desde tiempos inmemoriales y las seguirá habiendo, Dios mediante. En cambio, exterminios, a pesar de que también ha habido anteriormente, ninguno tan salvaje y premeditado como el ocurrido hace menos de cien años.
Continuará...
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