Zurek

Terminó nuestro pequeño viaje. El tiempo se me ha pasado volando y ya estamos de vuelta en Varsovia.

Esta mañana recorrimos el centro histórico de Cracovia, probamos la famosa Zurek, una sopa con salchichas, setas y yo qué sé cuántas cosas más, servida en el interior de un pan grandote. Poco después cogimos el tren de vuelta a Varsovia, a casa.
Mañana tenemos la intención de visitar el castillo de Wilanow.

Voy a echar de menos todo esto. Intrínseco a mí, la sensación de que lo bueno se acaba me invade tiempo antes del debido. Como todo, tiene su parte buena y la que no es tan buena.
Con la caída del sol entre las interminables llanuras cubiertas de una capa de nieve virgen se apodera de mí una morriña, consciente de que este inolvidable viaje vislumbra su inevitable final. Y con esas misma estampa y los ciervos correteando por ella sonrío al darme cuenta de que he sido partícipe de esto, de este acto de magia que tan pocas veces se ve a lo largo de la vida.

Suelo decir esa frase tan sonada de "mañana más pero no mejor, porque es imposible", repitiéndola al día siguiente con el fin de crear la paradoja.
Ahora no hace falta crear nada, lo hace por sí solo. Mañana más y mejor porque aunque el día de hoy haya sido insuperable, el día de mañana será mejor.


Seguimos soñando.

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