Delirios de grandeza. No, gracias.
¿Sabes? Hubo un tiempo, hace unos meses, en que realmente quería eso. Quería darme a conocer, que la gente viera lo que escribía. Ansiaba que mis palabras ayudasen a la gente, se sintieran identificados con ellas e incluso les dieran la vida en algún momento dado.
Incluso fantaseaba con cómo sería sacar un libro, ganar dinero, ganar mucho dinero.
Fantaseaba con cartas anónimas de los lectores agradeciéndome que escribiera esas cosas. Y esas fantasías terminaban en una cafetería escuchando pacientemente su historia.
Así contado nadie puede resistirse, y yo quería eso. Cualquiera soñaría con algo así, con una oportunidad de ser grande y hacer grandes a los demás, y yo lo hice.
Pero me olvidé de lo básico, y lo básico es que escribía por mí. Por y para mí.
Para desahogarme, para contar mis metas, para obligarme a cumplirlas, para transmitir alegría y, por qué no, pedir consejo de vez en cuando. Para eso escribía.
Puede que así no consiga cochazo, ni viajar por toda España para darme a conocer, ni conversaciones impagables con extraños en cafeterías, pero me permite tener un hombro al que irle a llorar cuando las cosas no van bien, un hombro con el que compartir mis retos y un hombro con el que celebrar las cosas buenas y las alegrías.
Y llámame loco, pero eso me basta.
Seguimos soñando.
Incluso fantaseaba con cómo sería sacar un libro, ganar dinero, ganar mucho dinero.
Fantaseaba con cartas anónimas de los lectores agradeciéndome que escribiera esas cosas. Y esas fantasías terminaban en una cafetería escuchando pacientemente su historia.
Así contado nadie puede resistirse, y yo quería eso. Cualquiera soñaría con algo así, con una oportunidad de ser grande y hacer grandes a los demás, y yo lo hice.
Pero me olvidé de lo básico, y lo básico es que escribía por mí. Por y para mí.
Para desahogarme, para contar mis metas, para obligarme a cumplirlas, para transmitir alegría y, por qué no, pedir consejo de vez en cuando. Para eso escribía.
Puede que así no consiga cochazo, ni viajar por toda España para darme a conocer, ni conversaciones impagables con extraños en cafeterías, pero me permite tener un hombro al que irle a llorar cuando las cosas no van bien, un hombro con el que compartir mis retos y un hombro con el que celebrar las cosas buenas y las alegrías.
Y llámame loco, pero eso me basta.
Seguimos soñando.
"Los sueños de los grandes soñadores jamás llegan a cumplirse, siempre son superados. ;)"
ResponderEliminarTu fan número uno :p