Que quiero que

Ella estaba sentada a un par de metros. Me miraba de reojo, con una pierna encima del asiento de uno de esos autobuses americanos amarillos.

Parecía un sueño porque nada a nuestro alrededor tenía sentido.
Parecíamos estar en un hangar abandonado, dentro de un bicharraco que debía hacer años que no se utilizaba.
Nuestras cabezas apoyadas sobre diferentes ventanas no querían mirarse, tampoco lo evitaban. No era una situación nueva.

Ella se tocaba el pelo, inquieta, buscando una respuesta que no llegaba; "y te diré que quiero que vuelvas".

Mirábamos en la misma dirección pero a diferentes infinitos.


Seguimos soñando.

Comentarios