Paralimpic, ante todo, es deportivo

Te preguntarás qué hace mi despertador sonando un sábado a las ocho de la mañana, con lo que me gusta madrugar, y es que hoy era día de partido: Paralimpic jugaba.

Éramos los primeros en jugar, con la fresca, y había que atravesar la ciudad para llegar al campo. Como es rutina, se le entrega la ficha del partido al árbitro para que compruebe que todo está en orden. Hasta ahí las cosas iban bien, a excepción de que uno de los jugadores que integraban el equipo inicial rival, y el total puesto que no llevaban cambios, había olvidado su carnet de identidad y no podía jugar sin él.

No es normal, aunque no pasa nada. Se espera durante unos minutos, los de cortesía, puesto que había ido un familiar a por el carnet y empezábamos. Pero no llegaba por lo que tenían que empezar el partido con uno menos.


Te preguntarás, de nuevo, por qué tanta parafernalia para contarte un simple partido de fútbol, y es que lo interesante ha empezado cuando el balón a comenzado a rodar. Todo un abanico de estratagemas y necedades con tal de perder tiempo, distraer al árbitro e incluso jugar sucio.

No solo han surtido efecto, pues ha conseguido sacar del partido a varios de los jugadores de mi equipo, sino que ha conseguido que me han hecho preguntarme: ¿Hasta qué punto adoptas una actitud antideportiva con tal de perder unos minutos? ¿Acaso no confiaban ellos en sus posibilidades de remontar cuando llegase el DNI? ¿Merece la pena llegar al límite e incluso pasarlo por un simple partido de liga municipal de los sábados por la mañana?


Añadir con orgullo que el partido fue ganado, aunque por la mínima 1-0, y que lo divertido, como siempre, vino de la mano del 100 Montaditos de después.


Seguimos soñando.

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