Los grises

Un profesor que tuve hace unos años, ya te hablaré algún día de él, decía que la esencia de la vida estaba en comprender y disfrutar la gran escala de grises que la entrañan, y dejar de lado hasta el punto de olvidar tanto el negro como el blanco.

Quería comenzar la frase con un "creo que", pero empiezo a pensar que estoy seguro de que soy daltónico. Veo bien los verdes y los rojos y sé distinguirlos, mi daltonismo se reduce a no ver ninguna clase de grises. Los ejemplos se cuentan por cientos, tantos que ni si quiera sé ponerte uno que me termine de gustar... ahí el primer ejemplo, ¡eureka!

Califico las entradas diarias en dos grupos bien diferenciados, las que son un muermo y que no llevan esencia ni alma, y las que no solo llevan esencia y alma sino también una parte de mí.

Aunque puede que el ejemplo más claro se haya ido corrigiendo por sí solo sin si quiera yo darme cuenta, y es el de ir conduciendo y dejar que el coche te lleve. Me explico, cuando al principio afrontaba un trayecto no había momento en el que dejase de acelerar o frenar, fuera con mayor o menos intensidad. Hasta que comprendí que no siempre hay que ir acelerando o frenando, sino que hay veces que basta con disfrutar del paisaje y no tanto con llegar antes.

Miles de millones de grises y yo solo me fijo en el blanco o el negro.


Seguimos soñando.

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