Ese virus
Hoy estoy solo. No esa clase de soledad que imaginas, es otro tipo bien diferente. Esta soledad casi todos, si no todos, la padecemos a lo largo de nuestra vida no una sino muchas veces.
Es esa clase de soledad que reduce tu ayuda exterior a cero, esa soledad que imprime su fuerza y te obliga a decidir solo.
El ser humano es, por definición, un ser social. Necesita interactuar con seres de su misma especie.
Esta soledad, cual virus que no se reproduce porque, básicamente, no lo necesita, arrasa con lo que ve, sabiendo adónde ir, sabiendo dónde hacer daño.
No hay neutralidad posible: la respuesta se reduce a un "sí" o un "no".
Un sí o un no que nunca son solo eso.
Un sí y un no que encierran historias pasadas y futuras.
Un sí o un no que se reducen a mucho menos de lo que se merecen.
Un sí o un no que, caiga del lado de la balanza que caiga, te deja con las adversas consecuencias de un virus que muere con la decisión. Uno que antes de morir promete: "volveré".
Seguimos soñando.
Es esa clase de soledad que reduce tu ayuda exterior a cero, esa soledad que imprime su fuerza y te obliga a decidir solo.
El ser humano es, por definición, un ser social. Necesita interactuar con seres de su misma especie.
Esta soledad, cual virus que no se reproduce porque, básicamente, no lo necesita, arrasa con lo que ve, sabiendo adónde ir, sabiendo dónde hacer daño.
No hay neutralidad posible: la respuesta se reduce a un "sí" o un "no".
Un sí o un no que nunca son solo eso.
Un sí y un no que encierran historias pasadas y futuras.
Un sí o un no que se reducen a mucho menos de lo que se merecen.
Un sí o un no que, caiga del lado de la balanza que caiga, te deja con las adversas consecuencias de un virus que muere con la decisión. Uno que antes de morir promete: "volveré".
Seguimos soñando.
Comentarios
Publicar un comentario