Coches y señores mayores
Me gustan los coches. No sé mucho y apenas sé cómo funciona un motor, pero conozco bastantes; modelos, las combinaciones y los precios. Me gusta verlos por la calle y emocionarme como un niño pequeño al ver alguno especial por la calle. Me imagino conduciéndolos e intento imaginar la ilusión que tuvieron, y que espero que mantengan, los dueños cuando lo compraron.
Tanto es así que no me entusiasma en especial la idea de ver coches antiguos por la calle. Cumplen su función, incluso a la perfección, coches con más de treinta y cuarenta años. Y no solo cumplen su función, aceleran y llegan a altas velocidades igual que muchos otros modelos actuales.
Me avergüenza a veces mi autoexigido purismo automovilístico, y es que al ver las maravillas que se producen hoy en día y que se han producido recientemente, me pregunto ¿qué sentido tienen los coches antiguos?
Calma a mi pregunta la sola idea de pensar en la gente que por meras cuestiones económicas no pudiera permitirse el lujo de adquirir uno nuevo.
Esta mañana yendo en tren había dos mujeres esperando el tren. Una era joven, muy guapa, de unos veintipocos años. Cuando la he visto por primera vez estaba sonriendo y poco después ha estallado en una carcajada comedida, sutil y muy elegante. A su lado había una señora mayor, que con dificultad ha conseguido subir al tren, que no cumple los setenta ya y con ostensibles gestos faciales de estar enfadada con el mundo entero y puede que hasta con el universo.
En un intento desesperado por salvar las insalvables distancias que hay entre ambos ejemplos, he intentado convencerme a mí mismo de que los coches antiguos se merecen un gran respeto, de la misma forma que se lo merecen las personas de cierta edad. Y he llegado a la conclusión de la cantidad de prejuicios que tenemos y, sobretodo, que tengo. Hacemos lo que la sociedad hace, llegando a veces a cambiar nuestras ideas, pensamientos y sentimientos hacia los demás e incluso hacia nosotros mismos.
Extraño ejemplo que a mí en concreto que me ha servido para comprender que todos somos iguales y un número, de años, de nota media en el colegio o la carrera o incluso en el sueldo, no ha de cambiar el pensamiento de "todos somos iguales y merecemos el mismo respeto".
Seguimos soñando.
Tanto es así que no me entusiasma en especial la idea de ver coches antiguos por la calle. Cumplen su función, incluso a la perfección, coches con más de treinta y cuarenta años. Y no solo cumplen su función, aceleran y llegan a altas velocidades igual que muchos otros modelos actuales.
Me avergüenza a veces mi autoexigido purismo automovilístico, y es que al ver las maravillas que se producen hoy en día y que se han producido recientemente, me pregunto ¿qué sentido tienen los coches antiguos?
Calma a mi pregunta la sola idea de pensar en la gente que por meras cuestiones económicas no pudiera permitirse el lujo de adquirir uno nuevo.
Esta mañana yendo en tren había dos mujeres esperando el tren. Una era joven, muy guapa, de unos veintipocos años. Cuando la he visto por primera vez estaba sonriendo y poco después ha estallado en una carcajada comedida, sutil y muy elegante. A su lado había una señora mayor, que con dificultad ha conseguido subir al tren, que no cumple los setenta ya y con ostensibles gestos faciales de estar enfadada con el mundo entero y puede que hasta con el universo.
En un intento desesperado por salvar las insalvables distancias que hay entre ambos ejemplos, he intentado convencerme a mí mismo de que los coches antiguos se merecen un gran respeto, de la misma forma que se lo merecen las personas de cierta edad. Y he llegado a la conclusión de la cantidad de prejuicios que tenemos y, sobretodo, que tengo. Hacemos lo que la sociedad hace, llegando a veces a cambiar nuestras ideas, pensamientos y sentimientos hacia los demás e incluso hacia nosotros mismos.
Extraño ejemplo que a mí en concreto que me ha servido para comprender que todos somos iguales y un número, de años, de nota media en el colegio o la carrera o incluso en el sueldo, no ha de cambiar el pensamiento de "todos somos iguales y merecemos el mismo respeto".
Seguimos soñando.
Comentarios
Publicar un comentario