Recovery (II)

Unos cuantos cabos aún deben ser atados.

Porque ningún clavo sacará el que ya está clavado hasta que llegue uno especial y haga inmerecidos méritos por ser el definitivamente indicado.

Y no prometa cielo y estrellas sino que haga milagros para ahuyentar el pasado y olvidar todos los abrazos que me dieron y, con más fuerza, los que no llegaron.



Unos cuantos cabos sueltos desquiciados luchan por no volver a ser atados.

Porque el futuro olvidará al presente y el presente añorará al pasado.

Ese que estrellado firma el firmamento con la seña de que algún día volverá para ser un recuerdo bonito bien guardado y no un triste fotograma mal revelado, perdido y sobrevalorado.



Unos cuantos cabos sueltos se atragantan en forma de tragos amargos, recordándome que solo sé apreciar los golpes de suerte cuando ya han pasado.

Por la ventana de mi cuarto se ve a los dueños de mis sueños jugando con ellos mientras me hacen creer que llegaré a soñarlos.

Y el guionista de mi vida debe estar borracho al escribir torcidos los renglones de un cuento infantil no recomendado para menores de diecisiete años.



Seguimos soñando.


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