La charca

Era la luna la que imponía su ley saliendo con fuerza y utilizando toda su belleza y esplendor para ahuyentar a un despavorido sol que se marchaba por donde los ojos no alcanzaban a ver. Con él se van muchos miedos, con ella vienen otros pocos, pero en ese instante la perfección prevalece, haciendo caso omiso de todo lo que pretenda distraer la mirada de tan hipnotizante cuadro.

Me pregunto cuántos incautos no habrán apreciado la magia que la escena deja tras de sí, con un horizonte inigualable adornado con una espesa niebla al final, que tan solo cubre la superficie para hacer aún más inolvidable el panorama. Semanas atrás nada estaría igual, ni la charca sobre la que la luna mira lo coqueta que ha salido hoy, ni el sol acorbadado yéndose tan temprano, ni el séquito de nubes grises que preceden y allanan el camino a la luna como si de una guerra se tratase y fueran ellas sus soldados: oscuridad frente a frente con la luz. Y en medio la charca, siendo consciente del privilegiado lugar que le han concedido.
Y ahí estaba yo, ojeando la batalla en las cristalinas aguas de la charca. Qué privilegio joder.

Me pregunto si volverán mis ojos a ver algo así. Si algún día volveré a ver la magia que por un momento ha venido del más allá para llevarme con ella.


Seguimos soñando.

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