La Charca (II)
Parecía la copia barata de La Charca, pero allí estaba, imponiendo su ley con la misma, si no más, fuerza que siempre.
Esta vez la niebla se había comido por completo un pequeño pueblo perdido de la mano de La Luz, perdido hacía tan solo unas horas con la llegada de una espesa niebla, que mezclada con unas bajas temperaturas regalaba rocío a diestro y siniestro.
El final del pueblo estaba sacado de una película de miedo. Una carretera oscura, vacía y en leve caída, donde la niebla se intensificaba más si cabe, que parecía la boca del lobo, o mejor dicho, la boca de la oscuridad. Adentrarse era viajar a otro mundo; un pasaje gratis, solo de ida, a nunca jamás.
Hacia el otro lado la carretera luchaba por seguir siendo visible. La Luz había dejado allí a unos pocos fieles a los que algunos llaman "farolas". Dan mucho más que luz, dan cobijo a los que regresan vivos del más allá, perdidos, sin saber de dónde vienen y a dónde van. Porque así es, ese ejército de farolas también tiene un número limitado de valientes bajo sus filas. Valientes que no se rinden.
Una batalla que se apunta la oscuridad. No sé cómo va el tanteo, la magia que se veía en las aguas transparentes de La Charca también hoy se ha dejado ver en la sombra de la sombra.
Me pregunto quién será el bueno y quién será el malo en esta extenuante batalla.
Me pregunto si por no verla como se deja ver normalmente deja de ser magia.
Me pregunto si alguien se para a intentar comprender ese miedo, a verlo con los ojos adecuados, y no tacharlo de imposible.
Me pregunto si alguien más ve belleza donde otros solo ven miedo.
Seguimos soñando.
Esta vez la niebla se había comido por completo un pequeño pueblo perdido de la mano de La Luz, perdido hacía tan solo unas horas con la llegada de una espesa niebla, que mezclada con unas bajas temperaturas regalaba rocío a diestro y siniestro.
El final del pueblo estaba sacado de una película de miedo. Una carretera oscura, vacía y en leve caída, donde la niebla se intensificaba más si cabe, que parecía la boca del lobo, o mejor dicho, la boca de la oscuridad. Adentrarse era viajar a otro mundo; un pasaje gratis, solo de ida, a nunca jamás.
Hacia el otro lado la carretera luchaba por seguir siendo visible. La Luz había dejado allí a unos pocos fieles a los que algunos llaman "farolas". Dan mucho más que luz, dan cobijo a los que regresan vivos del más allá, perdidos, sin saber de dónde vienen y a dónde van. Porque así es, ese ejército de farolas también tiene un número limitado de valientes bajo sus filas. Valientes que no se rinden.
Una batalla que se apunta la oscuridad. No sé cómo va el tanteo, la magia que se veía en las aguas transparentes de La Charca también hoy se ha dejado ver en la sombra de la sombra.
Me pregunto quién será el bueno y quién será el malo en esta extenuante batalla.
Me pregunto si por no verla como se deja ver normalmente deja de ser magia.
Me pregunto si alguien se para a intentar comprender ese miedo, a verlo con los ojos adecuados, y no tacharlo de imposible.
Me pregunto si alguien más ve belleza donde otros solo ven miedo.
Seguimos soñando.
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