Entre la espada y la pared
No soy la foto del carnet, no soy la luz en el balcón. Yo solo soy el que llegó y el que se fue. El que se ilusionó, el que se estrelló, el que no lloró, el que se encerró, el rarito al que nadie entiende.
No sé muy bien a dónde voy. Para encontrarme búscame en algún sitio entre la espada y la pared. Antes quería que me encontrasen, ahora no quiero que sepan si estoy o no perdido.
Las nubes con el viento siempre están cambiando, quizá podamos ver el sol de vez en cuando. Si la indiferencia es un síntoma seguro que existe una cura. Algún día volverá a brillar el sol.
Que lo invisible existe solo porque no sé ve. ¿Que no se ve o que no se quiere ver? Quién pudiera serlo.
Puede ser que todo vuelva a ser, cuando es tarde para responder que “nunca más”. Era tarde antes si quiera de haber empezado. Qué curiosa paradoja, qué arrepentimiento tan extraño.
Voy a quedarme en este mar, aunque me estrelle entre las rocas, aunque me pise el mismo pie que antes besó mi boca. Puede que una de las curas sea descartar el resto de ellas. Peligroso método ese de querer soñar sin sueño.
Lo contrario de vivir es no arriesgarse. Cuando lo contrario de vivir se convierte sobrevivir y lo opuesto a sufrir en no echar de menos.
Maldita noche que pasé. No sé muy bien por qué razón. Que sin dormirme te soñé, me pareció escuchar tu voz. Toda la culpa es del café que me recuerda tu sabor. Y fue la voz que no escuché, y fue el silencio el que me despertó. Y al final, después de tan largo letargo, no estabas ahí, sosteniéndome la mano, buscando un fortuito encuentro entre nuestros ojos al son de un “todo va a ir bien”.
Toda la culpa fue del aire que rozó mi piel, de la piel que me guardó el calor, el mismo con el que forjé mi oxidado corazón. Las cosas que no pueden ser son todas las que he sido yo. Una salada muestra de autenticidad mendiga la mejilla garantizando que "todo va a ir bien".
Fito y FItipaldis - Entre la espada y la pared
Seguimos soñando.
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