Vicios ocultos (II)
La segunda vez que lo vi fue en un lugar bien diferente. Si bien la primera no vez me esperaba verlo allí, la segunda vez no quería hacerlo. No quería ver a nadie.
¿Se acordabade mí? Yo me acordaba de él, el perfecto intruso que rompió mi rutina para ¿arreglarla? Hacía tiempo de aquello.
Era diferente. No veía su macuto y parecía estar fumándose un cigarro, nervioso; parecía desmejorado. ¿Qué hacia allí?
Me acerqué a él, estaba en segundo plano, no molestaba a nadie. No quería hacerlo.
¿Qué haces aquí? Le pregunté por lo bajo. Demasiado descortés tal vez, no me di cuenta. La situación era más grande que eso.
No me respondió.
Permanecí a su lado, inmóvil, esperando alguna reacción, algún mensaje, algún indicio de que quería hablar conmigo.
Unos minutos después me preguntó. Fue breve pero cortés. Le contesté. Aquel no era mi lugar pero no quería hablar con nadie.
¿Qué haces aquí? Le volví a preguntar.
¿No recuerdas quién soy? Me preguntó sin apartar la vista del agujero situado en frente del ataúd.
Miré yo también, como si allí esperase encontrar la respuesta. Empezaron a pasar muchas cosas por mi cabeza, muchas. Recuerdos, imágenes, conversaciones... ¿Qué (me) estaba pasando?
Soy tu sombra, tu angel, tu demonio, me dijo.
Tus ganas de comerte el mundo, las de quedarte en la cama, las de tirarte por un puente y las de entrarle a esa chica que llevas tanto tiempo mirando.
Tus miedos, tus inseguridades, tus preocupaciones, los milagros que encarnas, los consejos que das y las imprudencias que cometes.
Estoy en lo que haces, y también en todo aquello que no haces.
Ahí estoy yo cuando no queda nadie más.
¿Qué haces aquí? Volví a preguntar. Esa fue la última vez que lo hice.
¿Se acordabade mí? Yo me acordaba de él, el perfecto intruso que rompió mi rutina para ¿arreglarla? Hacía tiempo de aquello.
Era diferente. No veía su macuto y parecía estar fumándose un cigarro, nervioso; parecía desmejorado. ¿Qué hacia allí?
Me acerqué a él, estaba en segundo plano, no molestaba a nadie. No quería hacerlo.
¿Qué haces aquí? Le pregunté por lo bajo. Demasiado descortés tal vez, no me di cuenta. La situación era más grande que eso.
No me respondió.
Permanecí a su lado, inmóvil, esperando alguna reacción, algún mensaje, algún indicio de que quería hablar conmigo.
Unos minutos después me preguntó. Fue breve pero cortés. Le contesté. Aquel no era mi lugar pero no quería hablar con nadie.
¿Qué haces aquí? Le volví a preguntar.
¿No recuerdas quién soy? Me preguntó sin apartar la vista del agujero situado en frente del ataúd.
Miré yo también, como si allí esperase encontrar la respuesta. Empezaron a pasar muchas cosas por mi cabeza, muchas. Recuerdos, imágenes, conversaciones... ¿Qué (me) estaba pasando?
Soy tu sombra, tu angel, tu demonio, me dijo.
Tus ganas de comerte el mundo, las de quedarte en la cama, las de tirarte por un puente y las de entrarle a esa chica que llevas tanto tiempo mirando.
Tus miedos, tus inseguridades, tus preocupaciones, los milagros que encarnas, los consejos que das y las imprudencias que cometes.
Estoy en lo que haces, y también en todo aquello que no haces.
Ahí estoy yo cuando no queda nadie más.
¿Qué haces aquí? Volví a preguntar. Esa fue la última vez que lo hice.
Seguimos soñando.
Comentarios
Publicar un comentario