Diamantes pulidos
¿Has pensado alguna vez que quizá todos seamos diamantes?
Diamantes, cada uno a su forma, cada uno en su contexto, cada uno de una calidad diferente. No existen los diamantes malos, solo hay unos mejores que otros.
Por lo visto van perdiendo su valor conforme más veces hayan sido cortados o pulidos. Eso me da mucho que pensar, ¿se puede convertir, acaso, un diamante de los más bellos del mundo en uno de esos diamantes menos buenos por culpa de quien lo pula por primera vez?
Me temo que la respuesta es que sí. Todo depende de quién pula por primera vez a ese diamante y de cómo haga su trabajo.
Y es admirable, y a la vez deplorable, ver como unos esperan con ansia, y se preparan, durante toda su vida el momento de que les llegue uno digno de sus conocimientos y otros, sin tener ni idea, se topan con uno cuando menos se lo esperan y no hacen más que destrozarlo.
No es culpa de la vida, ni de lo injusta que es. Somos nosotros, aquellos que preferimos nuestro disfrute propio al de los demás, y así nos va. Queriendo pulir diamantes cuando ni si quiera sabemos distinguirlo, y mucho menos, sabemos valorarlos.
Seguimos soñando.
Diamantes, cada uno a su forma, cada uno en su contexto, cada uno de una calidad diferente. No existen los diamantes malos, solo hay unos mejores que otros.
Por lo visto van perdiendo su valor conforme más veces hayan sido cortados o pulidos. Eso me da mucho que pensar, ¿se puede convertir, acaso, un diamante de los más bellos del mundo en uno de esos diamantes menos buenos por culpa de quien lo pula por primera vez?
Me temo que la respuesta es que sí. Todo depende de quién pula por primera vez a ese diamante y de cómo haga su trabajo.
Y es admirable, y a la vez deplorable, ver como unos esperan con ansia, y se preparan, durante toda su vida el momento de que les llegue uno digno de sus conocimientos y otros, sin tener ni idea, se topan con uno cuando menos se lo esperan y no hacen más que destrozarlo.
No es culpa de la vida, ni de lo injusta que es. Somos nosotros, aquellos que preferimos nuestro disfrute propio al de los demás, y así nos va. Queriendo pulir diamantes cuando ni si quiera sabemos distinguirlo, y mucho menos, sabemos valorarlos.
Seguimos soñando.
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