Ya no (más)

¿Y qué pasa si estoy hecha para convertirme en aquello que más odio? La pregunta le martirizaba.

Lo llevo criticando toda mi vida y ahora es en lo que me estoy convirtiendo.


Parecían haber pasado días, semanas y tan solo habían pasado unos minutos. Ha perdido por completo la noción del tiempo. Su reloj barato ha dejado de funcionar, de ahí la tranquilidad de la escena. No tiene manos, ganas ni tiempo para volver a ponerlo en hora. 

No retrasa lo inevitable, tan solo lo pospone. Es lo mismo, pero ella no cree eso. Es tan solo una excusa más, otra forma de no tener que tomar una decisión que no quiere tomar.

Sabe lo que significará poner el mechero debajo de la cuchara. No quiere hacerlo. Una voz en su interior se lo pide, otra le ruega que no lo haga.

Empieza a temblar. Quizá de forma inconsciente, quizá sea un mensaje que le envía su propio cuerpo para no alargar la sentencia más.

Teme derramar algo. Demasiado dinero invertido, piensa. No tiene intención de desperdiciar nada. Un momento, piensa, ¿eso significa que ya he tomado una decisión?

Se desespera aún más. Los temblores se acentúan. Un sudor frío empieza a recorrer su frente. El reloj se ha parado pero sabe que las agujas siguen moviéndose. Es inevitable.

No quiere volver al mundo real, tampoco quiere irse. No sabe lo que quiere.

Es hora de decidirse, piensa. "Voy a apostarlo todo al rojo y si sale nos escapamos". Quiero irme, quiero desaparecer, quiero apostarlo todo, decide.



Seguimos soñando.



Nota: ya está disponible la encuesta, en la parte de abajo de la portada del blog, de la entrada principal. Me temo que solo se puede votar desde la versión web, ya sea por ordenador o desde el móvil pero mediante la versión web. ¡Muchísimas gracias!


Comentarios