Por y para ellos
Por esa ternura que se posa sobre esos ojos con la belleza con la que una estrella fugaz se desliza por el más bello y estrellado cielo. Para que nunca desaparezca.
Por esos segundos que dura y por las palabras que no dices esperando no estropear el momento, porque ninguna le haría justicia. Para que no salgan.
Por esas lágrimas estrelladas que sin saber por qué se deslizan en perfectos pasillos que caen por las suaves mejillas. Atrás dejan a La noche estrellada de Van Gogh o a Las Lágrimas de San Lorenzo. Para que nunca dejen de caer con esa inefable belleza.
Por el escaso tiempo en el que transforman una preciosidad en una obra de arte. Para que no pierdan jamás su magia.
Por el miedo a que se pierdan por el firmamento antes de ser capaz de disfrutarla. Para que se vaya de la mano, con ellas, al más allá.
Por el vacío que deja su estela, sabiendo que volverá a pasar otra vez pero sin saber si volverás a verlas. Para que ese inevitable incertidumbre traiga consigo la esperanza que le hace una merecida competencia.
Por el desgarrador sentimiento de ver que alguien a quien amas no puede evitar sufrir.
Por la inigualable sensación de satisfacción al ver esas lágrimas exentas de dolor. Más bien al contrario.
Para que ambas sepan complementarse, aunque sean completamente incompatibles.
Por la cristalina mirada que dejan, por la belleza que impregnan. Para que solo los más expertos coleccionistas de arte vayan tras ellas.
Y para que esa obra de arte encuentre su sitio en el mundo y solo vea la luz para dar las gracias, un "gracias" que no se pueda dar de otra forma.
Seguimos soñando.
Por esos segundos que dura y por las palabras que no dices esperando no estropear el momento, porque ninguna le haría justicia. Para que no salgan.
Por esas lágrimas estrelladas que sin saber por qué se deslizan en perfectos pasillos que caen por las suaves mejillas. Atrás dejan a La noche estrellada de Van Gogh o a Las Lágrimas de San Lorenzo. Para que nunca dejen de caer con esa inefable belleza.
Por el escaso tiempo en el que transforman una preciosidad en una obra de arte. Para que no pierdan jamás su magia.
Por el miedo a que se pierdan por el firmamento antes de ser capaz de disfrutarla. Para que se vaya de la mano, con ellas, al más allá.
Por el vacío que deja su estela, sabiendo que volverá a pasar otra vez pero sin saber si volverás a verlas. Para que ese inevitable incertidumbre traiga consigo la esperanza que le hace una merecida competencia.
Por el desgarrador sentimiento de ver que alguien a quien amas no puede evitar sufrir.
Por la inigualable sensación de satisfacción al ver esas lágrimas exentas de dolor. Más bien al contrario.
Para que ambas sepan complementarse, aunque sean completamente incompatibles.
Por la cristalina mirada que dejan, por la belleza que impregnan. Para que solo los más expertos coleccionistas de arte vayan tras ellas.
Y para que esa obra de arte encuentre su sitio en el mundo y solo vea la luz para dar las gracias, un "gracias" que no se pueda dar de otra forma.
Seguimos soñando.
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