Justicia (II)
Creo en la justicia, pero en mi justicia.
Nunca he creído en las generalidades y no pretendo criticar ni juzgar el sistema de justicia de ningún país, pero a escalas muchísimo más pequeñas creo que la mayoría debemos tener nuestras propias normas. Esas que aprendemos desde pequeños en la escuela en clases de ética. A mí me gusta ir más allá.
Al final no fuiste a contarle la verdad a ella. "Coincidiste" con él mientras su mujer ultimaba unas compras en el supermercado de en frente de su casa, y le obligaste a contarle toda la verdad a tu psiquiatra. ¿Noble? ¿Justo? ¿Injusto? Puede que tu respuesta no tenga mucho que ver con lo que la ley dictamina...
Mi justicia va más allá. Mi justicia no juzga a los colectivos ni a las grandes masas, le da una oportunidad a cada persona de demostrar por qué ha hecho o dejado de hacer algo. Y una vez se llega al meollo de la cuestión, con todos los datos posibles que ayuden a discernir una verdad u otra, clasifica a las personas en dos grupos: las que tienen un buen corazón y las que no.
No tenerlo no significa que sea malo, o puede que sí.
No me gusta juzgar y es porque casi nunca se llega a esa situación de "perfecta información" como para poder hacerlo correctamente. De hecho, creo que solo los que tienen ese buen corazón, dándose el caso de esa perfecta situación, tienen el derecho a juzgarnos tal y como somos.
Y es que creo que eso es lo que le falta a esta sociedad, algo o alguien que te juzgue por cómo eres, por lo que piensas. Es una utopía que queda preciosa sobre el papel y que parece imposible en la práctica. Yo no creo en los imposibles, creo en que cada uno sea coherente consigo mismo porque sea como sea tu corazón puedes cambiar a mejor. Siempre hay alternativa, siempre puedes cambiar a mejor. Y no es ninguna utopía si la única persona que puede juzgarte con plena capacidad te juzga con coherencia, sinceridad y su buen corazón: tú mismx.
Seguimos soñando.
Nunca he creído en las generalidades y no pretendo criticar ni juzgar el sistema de justicia de ningún país, pero a escalas muchísimo más pequeñas creo que la mayoría debemos tener nuestras propias normas. Esas que aprendemos desde pequeños en la escuela en clases de ética. A mí me gusta ir más allá.
Al final no fuiste a contarle la verdad a ella. "Coincidiste" con él mientras su mujer ultimaba unas compras en el supermercado de en frente de su casa, y le obligaste a contarle toda la verdad a tu psiquiatra. ¿Noble? ¿Justo? ¿Injusto? Puede que tu respuesta no tenga mucho que ver con lo que la ley dictamina...
Mi justicia va más allá. Mi justicia no juzga a los colectivos ni a las grandes masas, le da una oportunidad a cada persona de demostrar por qué ha hecho o dejado de hacer algo. Y una vez se llega al meollo de la cuestión, con todos los datos posibles que ayuden a discernir una verdad u otra, clasifica a las personas en dos grupos: las que tienen un buen corazón y las que no.
No tenerlo no significa que sea malo, o puede que sí.
No me gusta juzgar y es porque casi nunca se llega a esa situación de "perfecta información" como para poder hacerlo correctamente. De hecho, creo que solo los que tienen ese buen corazón, dándose el caso de esa perfecta situación, tienen el derecho a juzgarnos tal y como somos.
Y es que creo que eso es lo que le falta a esta sociedad, algo o alguien que te juzgue por cómo eres, por lo que piensas. Es una utopía que queda preciosa sobre el papel y que parece imposible en la práctica. Yo no creo en los imposibles, creo en que cada uno sea coherente consigo mismo porque sea como sea tu corazón puedes cambiar a mejor. Siempre hay alternativa, siempre puedes cambiar a mejor. Y no es ninguna utopía si la única persona que puede juzgarte con plena capacidad te juzga con coherencia, sinceridad y su buen corazón: tú mismx.
Seguimos soñando.
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