Comodidad incómoda
Antes ni las veía pasar. Ahora soy consciente de todas y cada una de ellas; consciente de lo que perderé mientras suceden, consciente de lo que pierdo cuando se marchan, consciente de que no sé cuándo volverá a venir otra igual.
Y no es de estas cosas que pasan en unos segundos y se olvidan. Más bien es de esas otras que ocurren lentamente, como si a cada segundo que pasara arrancara una parte de ti, una parte de tu esperanza, una parte de tu ilusión.
Puede que lo peor sea que aunque la situación sea insostenible, la actitud impasible impida cambio alguno. Y aunque no lo hiciera, no sé si querría. ¿Querría?
Me lo llevo preguntando unos cuantos minutos ya, a ver si aunque sea por insistencia consigo encontrar una respuesta, pero no lo consigo, no la encuentro. ¿Quiero encontrarla? Tampoco lo sé.
Puede que me haya acostumbrado a esto y prefiera no salir de ello. Puede que aquí haya encontrado mi sitio, mi comodidad incomoda, mi pasividad tóxica.
Y es que a veces me resulta mucho más difícil nadar con la corriente que contra ella.
Seguimos soñando.
Y no es de estas cosas que pasan en unos segundos y se olvidan. Más bien es de esas otras que ocurren lentamente, como si a cada segundo que pasara arrancara una parte de ti, una parte de tu esperanza, una parte de tu ilusión.
Puede que lo peor sea que aunque la situación sea insostenible, la actitud impasible impida cambio alguno. Y aunque no lo hiciera, no sé si querría. ¿Querría?
Me lo llevo preguntando unos cuantos minutos ya, a ver si aunque sea por insistencia consigo encontrar una respuesta, pero no lo consigo, no la encuentro. ¿Quiero encontrarla? Tampoco lo sé.
Puede que me haya acostumbrado a esto y prefiera no salir de ello. Puede que aquí haya encontrado mi sitio, mi comodidad incomoda, mi pasividad tóxica.
Y es que a veces me resulta mucho más difícil nadar con la corriente que contra ella.
Seguimos soñando.
Comentarios
Publicar un comentario