Amos del piano bar
Y acuérdate de Bill en el maco, de la banda del cuatro por cuatro. Todoterreno. Implacable. Imparable. Una vez monté en uno, es otro nivel. No le tiene miedo a nada. Por no tener, no tiene ni la capacidad para tener miedo. Y es que cuanto más se hunda en el barro con más fuerza sale de él. Qué envidia.
Y no volverán a salir por esa puerta los amos del piano bar; se lamentan... No van a volver a salir porque no van a volver a entrar. Y se lamentan. Porque duele. Porque nadie quería este desenlace pero es el que toca vivir, al que nos han llevado nuestros desmedidos actos, palabras y silencios. La cruda realidad. Que no se quejen.
Y en el avión ya no queda nada de alcohol... nos estrellamos. Era inevitable. No merece la pena retrasar lo inevitable. Pero qué duro es cuando al fin llega, cuando al fin se estrella.
Y acuérdate de los que acabaron. De los que nunca hemos empezado. De los que se quedaron atrás y de los que están por venir. De los que algún día sacarán todas las sonrisas que se quedaron por el camino y darán abrazos tan fuertes que se parará tu tiempo en sus brazos.
Y cuando acabe todo esto me volverán las zapatillas que perdí por culpa del amor. Me gustan mis zapatillas, las que ahora tengo y espero que nadie me las quite. Hay que aprender a desacostumbrarse y es que cuando lo logras es cuando vuelves a acostumbrarte a algo o alguien diferente. Diferente pero igual a la vez. Así es el juego, el juego de la vida. Nadie gana, todos pierden. Y mientras tanto juegas para ganar creyendo que jamás perderás.
Qué más me da, no voy a peder el control. Hay cosas que una vez perdidas ya no se pueden volver a perder.
Taburete - Amos del piano bar.
Seguimos soñando.
Y no volverán a salir por esa puerta los amos del piano bar; se lamentan... No van a volver a salir porque no van a volver a entrar. Y se lamentan. Porque duele. Porque nadie quería este desenlace pero es el que toca vivir, al que nos han llevado nuestros desmedidos actos, palabras y silencios. La cruda realidad. Que no se quejen.
Y en el avión ya no queda nada de alcohol... nos estrellamos. Era inevitable. No merece la pena retrasar lo inevitable. Pero qué duro es cuando al fin llega, cuando al fin se estrella.
Y acuérdate de los que acabaron. De los que nunca hemos empezado. De los que se quedaron atrás y de los que están por venir. De los que algún día sacarán todas las sonrisas que se quedaron por el camino y darán abrazos tan fuertes que se parará tu tiempo en sus brazos.
Y cuando acabe todo esto me volverán las zapatillas que perdí por culpa del amor. Me gustan mis zapatillas, las que ahora tengo y espero que nadie me las quite. Hay que aprender a desacostumbrarse y es que cuando lo logras es cuando vuelves a acostumbrarte a algo o alguien diferente. Diferente pero igual a la vez. Así es el juego, el juego de la vida. Nadie gana, todos pierden. Y mientras tanto juegas para ganar creyendo que jamás perderás.
Qué más me da, no voy a peder el control. Hay cosas que una vez perdidas ya no se pueden volver a perder.
Taburete - Amos del piano bar.
Seguimos soñando.
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