La llamada

00:08, suena el teléfono. Ring... Ring... Ring...

¿Sí? Pregunta una tenue voz.

No puedo enfrentarme a esto yo sola. Mi vida es una montaña rusa en la que por momentos parece que solo voy cuesta abajo.
Tú no intentas hacerme ver que también hay cuestas arriba, caminos que me llevarán a lo más alto; tú vas sentado en el mismo vagón que yo, intentando con todas tus fuerzas que el vértigo que agrava cada cuesta abajo se transforme en mi motor para seguir hacia delante sin hundirme.
No solo amenizas cada caída libre, sino que poco a poco consigues que deje de tenerlas miedo.
Nunca he creído que los que de verdad te quieren estarán en las buenas, pero sobre todo en las malas. En las malas yo no quiero a nadie a mi alrededor; temo mis reacciones, mis contestaciones y hasta el incontrolable estado de ánimo que tengo, por eso para mí alguien importante de verdad es el que está día tras día, sin importar si es bueno o malo, sin importar si quiero tirarme en paracaídas desde la estatua de la libertad, hacer puenting o pegarme un tiro.
Solo quiero que sepas que te necesito y que cada momento que he pensado que iba a estar lejos de ti, que creía que te había perdido sentía que había perdido una parte de mí misma.
Gracias por todo, y lo siento con todo mi alma.

Pi... Pi... Pi... Clara colgó.


Seguimos soñando.



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