Estrellas
Hace ya años que vi la película "Bajo la misma estrella". La vi en el cine, pocos días después de su estreno. Por aquel entonces no me había leído el libro, ni si quiera sabía de su existencia. La película no me disgustó pero es de esas que conforme pasa el tiempo vas entendiendo mejor. Pocas hay así y es genial debido a que el día que la vuelves a ver entiendes muchas más cosas.
48. Mi pequeño afán por crecer cuando no debía me hizo conocer finales de películas que no entendí, como Matrix, La delgada línea roja o Apocalipse now. Ahora me arrepiento tanto... Me cargué grandes clásicos.
Hay una en concreto que puede que haya sido la que más me ha costado entender de todas, y es cuando a la protagonista, en uno de esos episodios que le hacían ir al hospital y por el cual temían por su vida, le pregunta una enfermera que de un uno al diez cuánto le duele. No comprendí porqué, si se estaba muriendo, no dijo diez. Y es que más adelante lo explica, cuando Gus, su novio, se marcha. Resulta que reservaba ese momento para cuando peor lo pasase en su vida.
Quizá se me escape otro punto de vista, pero el único que encuentro es el que la convierte en toda una heroína. Preservar el sentimiento a expensas de que llegue uno peor, para mí, no tiene otro nombre que el de valiente.
Y como tantas cosas en esta vida que ahora detesto, y es porque un día yo fui así, esta es una de ellas. No logro confraternizar con las situaciones en las que algunos utilizan el dolor ajeno para regocijarse, o peor aún, lo exageran con yo qué sé que fin. ¿Autocompasión? ¿Victimismo?
Y estoy contrariado porque algún día tuvieron paciencia conmigo, y me aceptaron tal y como yo hacía las cosas, queriendo ver todo negro cuando tan solo era un tono blanquecino sutilmente manchado.
Seguimos soñando.
48. Mi pequeño afán por crecer cuando no debía me hizo conocer finales de películas que no entendí, como Matrix, La delgada línea roja o Apocalipse now. Ahora me arrepiento tanto... Me cargué grandes clásicos.
Hay una en concreto que puede que haya sido la que más me ha costado entender de todas, y es cuando a la protagonista, en uno de esos episodios que le hacían ir al hospital y por el cual temían por su vida, le pregunta una enfermera que de un uno al diez cuánto le duele. No comprendí porqué, si se estaba muriendo, no dijo diez. Y es que más adelante lo explica, cuando Gus, su novio, se marcha. Resulta que reservaba ese momento para cuando peor lo pasase en su vida.
Quizá se me escape otro punto de vista, pero el único que encuentro es el que la convierte en toda una heroína. Preservar el sentimiento a expensas de que llegue uno peor, para mí, no tiene otro nombre que el de valiente.
Y como tantas cosas en esta vida que ahora detesto, y es porque un día yo fui así, esta es una de ellas. No logro confraternizar con las situaciones en las que algunos utilizan el dolor ajeno para regocijarse, o peor aún, lo exageran con yo qué sé que fin. ¿Autocompasión? ¿Victimismo?
Y estoy contrariado porque algún día tuvieron paciencia conmigo, y me aceptaron tal y como yo hacía las cosas, queriendo ver todo negro cuando tan solo era un tono blanquecino sutilmente manchado.
Seguimos soñando.
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