Mi tren

Echo de menos el tren que me trae a casa los días de diario, cuando hay rutina. Jamás creía que diría esto, y mucho menos que lo sentiría, pero me ha entrado la morriña al verlo hoy en los últimos compases del día.

42. Prefiero el invierno mucho antes que el verano.

Quizá porque prefiero que anochezca un poco antes, o porque echo de menos las largas esperas en la parada del bus, con un frío de mil pares. Lo que echo de menos es más subirme al bus y estar resguardado, con la calefacción, con mi música.

Ese bus puede que haya marcado una etapa de mi vida y es que, sin quererlo, su sustituto creo que ha sido el tren, ese tren en el que te mueres de calor en invierno y de frío en verano; tiene el termostato atrofiado.


Han sido tantos y tanto últimos compases y tantos y tantos atardeceres con la cabeza apoyada en la ventana del tren... mirando a la nada y pensando en todo, o pensando en todo mirando a la nada... Quién sabe.

Puede que sea lo que más echo de menos de mi rutina.


Seguimos soñando.



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