La única limitación

Y sin quererlo despiertas del sueño de la presión vivida estos últimos meses.

Nadie te avisa, todo llega de golpe e igual que vino y te costó acostumbrarte, hoy se va y la añoras.

Las excusas que te han dado la vida durante este tiempo se transforman en la inminente realidad que te rodea, ya no te puedes escapar, no sirven, han perdido su valor, su eficacia, su sentido, su todo.

La alarma ya no suena por las mañanas, es la típica y veraniega luz que asoma al alba la que hace sus funciones. Ahora los días se tornan tranquilos y calurosos, para nada parecidos a esos agotadores y estresantes días que parecían interminables pero que tenían su puntillo.

Parece mentira, pero pagaría por volver a tener esa presión y ese agobio encima, cualquier cosa que me distrajese, cualquier cosa con tal de encontrar una distracción.

Añoro no extrañar los sentimientos que me resulta imposible olvidar, esos que me lastran día sí y día también. Los creías obsoletos, y eso es lo que más daña, no ser capaz de levantarte y empezar de cero porque la única limitación soy yo mismo.


Seguimos soñando.


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