Waiting on an angel

Cuenta la leyenda que habitaban unas terribles criaturas en el mar con apariencia de preciosas mujeres y con colas de pez, capaces de encandilar a cualquier marinero que pasase por allí.

Por lo visto, sus extraordinarias y bellas melodías se escuchaban a millas de distancia, su voz era el anzuelo, así los atraían, como si del sonajero de un niño pequeño se tratase; el sonajero con la melodía más bonita del mundo. Más tarde, cuando estaban a unos pocos metros les miraban fijamente y una especie de hechizo mágico surgía de sus ojos que, mezclado a su extrema dulzura y belleza, iba acercando las caras de ambos, del marino y de la sirena...

No creo en las fantasías, ni en los cuentos de hadas, ni en los fantasmas. Pero tampoco creía que hubiera gente muriéndose por dentro y sonriendo por fuera, ni corazones tan puros que mirando los ojos de sus dueños los vieras latir, y mucho menos que algún día conocería la voz de una de esas sirenas. 

Ayer la conocí.

Canción tras canción se iba superando, como si se fuera reservando algo mejor aún para la siguiente. 
¿Has escuchado alguna vez la cover de una canción y te ha gustado más que la original por cómo la canta, por cómo la vive y por cómo la hace suya?
Imagina tener eso a escasos centímetros de ti. 
Imagínalo.


Quizá la vida es la sucesión de cosas que no crees o no entiendes, hasta que te pasan y entonces cambia todo.


Seguimos soñando

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