Stage 4

Cuarta etapa y por ahora ha sido la que mejor se me ha dado. Tanto ha sido así que varios tramos los he hecho corriendo. ¿Por qué? No lo sé, supongo tras haberlo pasado peor ayer hoy quería ver hasta qué punto había recuperado sensaciones.

Me río de lo que escribí la primera noche: que me daban ganas de parar y no seguir andando. Ahí la tontería solo me daba de vez en cuando, justo cuando las cuestas se volvían más empinadas. Hoy ha sido minuto tras minuto, cada vez que pisaba mal y sentía las ampollas. Van ya 30 horas andadas en los últimos cuatro días y la alarma mañana sonará a las seis...

Me quedo con la frase que vino después, esa que decía que cuanto más sacrificado fuera el esfuerzo más se agradecería después, y es cierto. Terminar, descalzarme y resoplar es otro rollo, de otro mundo, una maravilla. Ese sentimiento de haberlo logrado, con madrugón incluido y con un fresquito que durante dos horas ha rozado los 38 grados.

Cada día que pasa me doy más cuenta de que estamos atados a demasiados vicios, vicios que no exigen, vicios que poco reporte positivo ofrecen y es que lo fácil suena demasiado bien.
Pocos son los viciados a andar siete horas y que al terminar el litro de agua de después les siente como un litro de cerveza, una caja de cigarrillos o una buena hamburguesa. Quizá, y te lo dice el que no le gusta correr y menos todavía andar, debería luchar por encontrar la satisfacción que encuentro en vicios sin sentido en cosas mucho más cotidianas, humildes y sencillas.

34. Creo que mi mayor vicio es el de superarme a mí mismo, porque no hay mayor vicio que el de superarse a uno mismo.

Seguimos soñando.

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