Nuevo reto (I)

31. Me gustan los retos. Me motivan, me inspiran, me emocionan, me ilusionan. Sacan lo mejor de mí.

Cada vez que me planteo una de esas locuras a las que yo llamo "retos" me vienen a la cabeza esas palabras: motivación, ilusión, sacar lo mejor de mí mismo...

No es fácil encontrar retos buenos, originales, divertidos; sin descuidar que me exijan y sean auténticos, que me lleven al límite, a cualquiera de mis límites, pero que me cuesten, que me cuesten para luego poder disfrutar de esa sensación única e inmejorable de haberlo logrado, de haberme superado.

Hace ya semanas que se me pasó por la cabeza la posibilidad de llevar a cabo un nuevo reto. Más que la posibilidad, solo vagaba la idea por mi cabeza, a expensas de que la imposibilidad material de llevarla a cabo acabase con mi auténtica pero prematura ilusión. Auténtica porque de verdad me ponía los pelos de punta pensar que podría enfrascarme en un reto de tal calibre, y prematura por lo siguiente: cuando una de estas locuras se me ocurren tiendo a coger una balanza. Sí, una balanza como la típica que sostiene la diosa de la justicia en la mayoría de las estatuas en las que se la representa. En una de los platos de esa balanza están las cosas malas y en la otra las cosas buenas.

¿Qué pasó?

Pasado 'añana, y sí, pasado mañana, la segunda parte. Se me alargaba demasiado la entrada...
Mañana te hablaré de lo que se siente al escuchar a un ángel.

Seguimos soñando.

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