Manifiesto (I)

Y yo que ya no sé ni dónde estoy cuando amanece.
Porque hay veces que solo merece la pena estar solo.
Porque solo a veces estar rayado merece la pena.

Cuando ni las palabras te salvan.
Cuando ni las canciones son suficientes.
Cuando los peores augurios se convierten realidad.

Cuando no hay nada ni nadie que te salve.
Cuando tú solo eres quien debe salir hacia delante.

Cuando la ansiedad te destroza,
y los destrozos son parte del decorado de una función de teatro.

Cuando ninguna salida es una salida.
Cuando vivir es sobrevivir.
Cuando un simple parecido es la realidad.

Porque si me he perdido, jamás seré encontrado.
Porque los ánimos parecen infundados: desolado, incomprendido, derrotado.

Cuando echar de menos se convierte en el pan de cada día.
Cuando ninguna promesa es capaz de arreglar este desastre. 
Porque estar rayado esas veces termina sin merecer la pena...


Seguimos soñando.

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