Lluvia, a salvo

No me gusta hablar de mí, ni que la gente sepa sobre mí. Supongo que es un mecanismo de defensa que tras el paso del tiempo se va perfeccionando.
Me siento en paños menores al escribir día a día teniendo a alguien a mi lado que lo sigue, como si todo esto perdiera su magia.


Hace unos años fui de vacaciones a los Pirineos, a un camping que tan pronto salíamos por la puerta de la casa teníamos la montaña delante. Era impresionante. Im-presionante, del tipo de vistas que te quitan el hipo.
Aquí es algo parecido, estamos en la parte alta de un valle y tenemos a nuestros pies el pueblo mientras que estamos rodeados de montañas y más montañas. También quita el hipo, pero el momentazo ha llegado cuando hace un rato se ha puesto a llover fuera y lo veíamos desde dentro. Cada vez caía con mayor intensidad, en la enorme terraza desde la que es casi imposible tener hipo.

39. Cuando sea mayor me encantaría poder tener una habitación en mi casa con vistas a una terraza o un jardín y ver llover estando dentro, a salvo.

Porque es en los pequeños placeres de esta vida donde se encuentra la felicidad.

Seguimos soñando.


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