C. de S.: Primera etapa
Camino de Santiago a pie: etapa 1, Sant Jean Pied de Port - Roncesvalles.
27 kilómetros pueden hacerse un poco pesados, quizá demasiado. No es como montar en bici que tienes que ir con todos los sentidos activados porque no dejas de jugarte el pellejo en todo momento; esto es diferente, sin peligros, disfrutando del paisaje, haciendo fotos, hablando, luchando contra ti mismo para llegar al objetivo y disfrutar del camino hasta él. Al comenzar es principalmente la cabeza, pensando que más de ocho horas te quedan por delante. Más tarde a la cabeza se le suman los hombros del peso de la mochila, y las piernas, y los riñones y terminan molestándote hasta las pestañas. No es dolor, no es molestia, es ese pesar, es esa sensación de que parando dejarás de sufrir y que queda demasiado como para seguir luchando. "Sigue, no pares, lucha; no pares de luchar".
27 kilómetros dan para mucho, quizá para demasiado. Bellos paisajes, de esos de ensueño, con niebla, con calabobos, también con una tenue lluvia que parece soltar la justa cantidad para calarte por dentro, incluso con tormenta... Apaga y vámonos. Es una gozada sentir en tus propias carnes la recompensa al esfuerzo, sentir el agua caliente caer por la espalda tras más de ocho horas de hazaña. Cuestas interminables con pendientes que asustan y verde alrededor, todo verde. Valles, montañas, cimas, caminos, carreteritas pequeñas por las que apenas pasan coches, más y más verde y gente que a pesar de llevar más tiempo andando, con más cansancio y peores condiciones físicas, lucha en su interior por sacar una sonrisa y darte los buenos días y desearte un buen camino. Eso no tiene precio, esa amabilidad, ese gesto señorial, esa talla, ese planta.
Un paso, otro paso. Cien metros, otros cien metro. Un kilómetro, otro kilómetro. Una hora, otra hora. La suma da más de 27 kilómetros, como podría dar 20 ó 50. No importan los kilómetros, importa cómo los disfrutes tú, importa el significado que tú les des, importa qué cambiará después de haberlos hecho.
Mañana más pero no mejor.
Seguimos soñando.
27 kilómetros pueden hacerse un poco pesados, quizá demasiado. No es como montar en bici que tienes que ir con todos los sentidos activados porque no dejas de jugarte el pellejo en todo momento; esto es diferente, sin peligros, disfrutando del paisaje, haciendo fotos, hablando, luchando contra ti mismo para llegar al objetivo y disfrutar del camino hasta él. Al comenzar es principalmente la cabeza, pensando que más de ocho horas te quedan por delante. Más tarde a la cabeza se le suman los hombros del peso de la mochila, y las piernas, y los riñones y terminan molestándote hasta las pestañas. No es dolor, no es molestia, es ese pesar, es esa sensación de que parando dejarás de sufrir y que queda demasiado como para seguir luchando. "Sigue, no pares, lucha; no pares de luchar".
27 kilómetros dan para mucho, quizá para demasiado. Bellos paisajes, de esos de ensueño, con niebla, con calabobos, también con una tenue lluvia que parece soltar la justa cantidad para calarte por dentro, incluso con tormenta... Apaga y vámonos. Es una gozada sentir en tus propias carnes la recompensa al esfuerzo, sentir el agua caliente caer por la espalda tras más de ocho horas de hazaña. Cuestas interminables con pendientes que asustan y verde alrededor, todo verde. Valles, montañas, cimas, caminos, carreteritas pequeñas por las que apenas pasan coches, más y más verde y gente que a pesar de llevar más tiempo andando, con más cansancio y peores condiciones físicas, lucha en su interior por sacar una sonrisa y darte los buenos días y desearte un buen camino. Eso no tiene precio, esa amabilidad, ese gesto señorial, esa talla, ese planta.
Un paso, otro paso. Cien metros, otros cien metro. Un kilómetro, otro kilómetro. Una hora, otra hora. La suma da más de 27 kilómetros, como podría dar 20 ó 50. No importan los kilómetros, importa cómo los disfrutes tú, importa el significado que tú les des, importa qué cambiará después de haberlos hecho.
Mañana más pero no mejor.
Seguimos soñando.
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