C. de S.: etapa 3
No te voy a engañar, cuanto más fácil me dicen que es algo, más difícil me termina resultando. Me pasó con todos los cursos de la secundaria y el bachillerato , a excepción de segundo de bachillerato: cuando me decían que el curso sería fácil me dormía en los laureles y me daba un susto, y cuanto más difícil me decían que sería más me preparaba y más tiempo le dedicaba y mejor salía.
Tras la tercera etapa esa anécdota viene al pelo: a priori era la más corta y "sencilla" de las cinco, y hasta ahora es la que más larga se me ha hecho. Quizá tenga algo que ver que estoy caminando con unas zapatillas de hacer footing y no con las botas que se recomiendan, ¿pero acaso no es demasiado fácil hacerlo con botas?
Ahora fuera de bromas, intento mantener intacto el poco sentido del humor que tengo, recomiendan caminar con unas que ya lleven rodaje para que no te rocen y tu pie se haya hecho a ellas y me perdí por los cerros de Úbeda y no me dio tiempo. El primer día, ese de lluvia y barro, se me rompió la zapatilla izquierda pero por la misma regla de tres no podía utilizar otras nuevas. Tampoco es gran cosa, pero las puñeteras zapatillas me están dando el camino...
Mañana viene la segunda etapa más larga y complicada de las cinco. El ritmo en el grupo va bajando con los días y a pesar de que sigo gamberreando un poco y haciendo algún tramo corriendo picado con mi tío para ver quién gana un sprint imaginario que improvisamos por el camino, el ritmo lento me va desgastando cada vez más; parar, acelerar, bajar a la cola del grupo, imponer un ritmo delante... No hay tarea fija, no hay constancia en la jornada y eso puede conmigo. Eso y no poder escuchar música.
Conozco a alguien que suspendió una sola asignatura en su larga vida de estudiante, dibujo técnico en el instituto, y es porque no era capaz de representar las figuras en el plano en el tiempo establecido. Fue a hablar con la profesora y le dijo que si les daba más tiempo todos serían capaces por lo que tenía que seguir intentándolo en el tiempo que le daba.
Desde el primer día que empezamos me he dado cuenta de que cada tres palabras que digo dos son quejas y la exigencia mental que exige el camino no es excusa válida. No vale con acabar el camino, eso lo consiguen todos, lo que importa es cómo lo acabes: sin quejas, con entereza, con sentido del humor...
A por todas, seguimos soñando.
Tras la tercera etapa esa anécdota viene al pelo: a priori era la más corta y "sencilla" de las cinco, y hasta ahora es la que más larga se me ha hecho. Quizá tenga algo que ver que estoy caminando con unas zapatillas de hacer footing y no con las botas que se recomiendan, ¿pero acaso no es demasiado fácil hacerlo con botas?
Ahora fuera de bromas, intento mantener intacto el poco sentido del humor que tengo, recomiendan caminar con unas que ya lleven rodaje para que no te rocen y tu pie se haya hecho a ellas y me perdí por los cerros de Úbeda y no me dio tiempo. El primer día, ese de lluvia y barro, se me rompió la zapatilla izquierda pero por la misma regla de tres no podía utilizar otras nuevas. Tampoco es gran cosa, pero las puñeteras zapatillas me están dando el camino...
Mañana viene la segunda etapa más larga y complicada de las cinco. El ritmo en el grupo va bajando con los días y a pesar de que sigo gamberreando un poco y haciendo algún tramo corriendo picado con mi tío para ver quién gana un sprint imaginario que improvisamos por el camino, el ritmo lento me va desgastando cada vez más; parar, acelerar, bajar a la cola del grupo, imponer un ritmo delante... No hay tarea fija, no hay constancia en la jornada y eso puede conmigo. Eso y no poder escuchar música.
Conozco a alguien que suspendió una sola asignatura en su larga vida de estudiante, dibujo técnico en el instituto, y es porque no era capaz de representar las figuras en el plano en el tiempo establecido. Fue a hablar con la profesora y le dijo que si les daba más tiempo todos serían capaces por lo que tenía que seguir intentándolo en el tiempo que le daba.
Desde el primer día que empezamos me he dado cuenta de que cada tres palabras que digo dos son quejas y la exigencia mental que exige el camino no es excusa válida. No vale con acabar el camino, eso lo consiguen todos, lo que importa es cómo lo acabes: sin quejas, con entereza, con sentido del humor...
A por todas, seguimos soñando.
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