C. de S.: etapa 2 y sorpresa narrativa

33. Nunca me ha gustado eso de hacer lo que se espera que haga. Me gusta ir a contracorriente.

Segunda etapa del Camino de Santiago y supongo que esperabas algún tipo de crónica o algo del estilo, pero voy a cambiar, a hacer algo diferente, algo que no se espera que haga.


El otro día, el lunes en concreto, cuando estaba en una de esas infernales cuestas en el puerto andorrano que subieron los ciclistas, pasaron un montón de coches y motos. Formaban parte de la caravana que circula antes de los ciclistas, esa tan guay de la que te hablé.


Pocos días antes estuve en el monte y tuve un pequeño percance con el coche. No sabía qué estaba pasando pero sabía que algo no iba bien. En un momento dado decidí bajarme y ver qué estaba pasando y la situación aparentaba normalidad salvo por un extraño olor, parecido al que se produce al quemar los neumáticos, que no había olido nunca.

En esa tremenda curva a izquierdas que tuvo que hacer toda la caravana en el Tour días después, la gran mayoría de los coches, motos y camiones tenían que meter primera para sobrepasarla y a más de uno le costó más de la cuenta. Tanto es así que a dos de esas motos tuvo que recogerlas despues la grúa, pero más de un coche sufrió sobre manera para pasarla y es que resulta que estaban quemando bastante los embragues.
Y para mi sorpresa, y posterior desilusión, era el mismo olor que días antes. El coche que conduje era automático e ir parando poco a poco para evitar los baches terminó siendo mucho peor para el embrague que ir a toda pastilla.


En la etapa de hoy no sólo lo he visto eso sino que lo he sentido. He sentido lo que para mí podría significar algún día el dejarle el coche a mi hijo, con todas las consecuencias: sabiendo que podría chocarse, romperlo, matarse... Y aún así me lo dejó.

Pasan demasiadas cosas mientras me pregunto qué está pasando y no es hasta un buen tiempo después cuando me doy cuenta de la cantidad de cosas que ha significado.
Y me da rabia porque me encantaría poder ser mucho más agradecido de lo que soy.
Me encantaría poder serlo con las personas que se lo merecen porque la mayoría de las veces me ocurre lo contrario: lo he sido con quien no debía y no lo soy con quien hace demasiado que debía serlo.


Seguimos soñando.

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