Remontada, triple y no dejar de confiar
27 iguales.
Bajo un sol de justicia, ni más ni menos que a las tres de la tarde, en el primer partido de baloncesto después de la lesión de mi hermano, la remontada por mi parte se estaba fraguando. Tras un 12-0 inicial, y más tarde 27-23, siempre abajo yo, y con posesión mi hermano, las cosas pintan feas. Consigo empatar a 27 con un par de canastas seguidas.. En mi manos está el 27-30, la canasta de la victoria, la gloria, el cruel vacile durante los próximos días.
Horas antes había estado pensando acerca de lo que te iba a contar hoy, y en ese momento, más allá de la línea de 6'25, la del triple, se me pasa por la cabeza la entrada de hoy.
Mis pulmones no pueden más, el calor y la edad pasan factura y ante mí la duda: ¿tiro de tres y me arriesgo a perder la posesión si fallo y perder el partido, o intento jugar un par de canastas de dos?
Antes de seguir has de saber que soy un tirador nato, quiso ficharme la NBA porque veían que mis porcentajes de tiro eran más que prometedores: promedio un 1/50 en tiros de tres y un 1/10 en tiros de dos, y eso tirando por lo alto.
Pero no me he rendido, y tampoco he dudado. He confiado en mi tiro cuando yo mismo sabía que no iba a entrar, me he dicho: este tiro va a entrar y vas a ganar. Algo en mí me hizo saltar y tirar cuando aún ni me había decidido y segundos después, como si el Espíritu Santo me hubiera iluminado, la pelota entraba limpia. ¡¡¡LIMPIA!!!
Siempre lo he pensado: el mus es como la vida misma. Es muy fácil jugar con cartas, cuando la suerte (16. No creo en la suerte, no creo que exista) te sonríe y solo te ocurren cosas buenas y te vienen grandes jugadas.
Es más, cuando las cosas te van bien y tienes buenas cartas en unas cuantas partidas seguidas, una mala mano, unas malas cartas tampoco suponen ningún problema, tan solo suponen una oportunidad para poder tirarte un farol e intentar demostrar algo que no es. En la vida eso no tiene por qué valer, pero en el mus sí; todo depende de cómo lo enfoques...
Y cuán diferente es tirarte un farol cuando en general las cosas te van bien y si pierdes no pierdes mucho, a jugarte un farol cuando muchas cosas dependen de ello, cuando te la estás jugando.
No se me da mal tirarme faroles, sobre todo jugando, pero hemos de diferenciar las diferentes situaciones en las que he jugado y suelo jugar: en primer lugar está cuando juego con amigos y no importa mucho el resultado, en segundo llegar cuando juego con gente con la que, sin apostarnos nada, el resultado es mucho más que un simple resultado, y los campeonatos. El orden es directamente proporcional a la prudencia con la que juego mis cartas.
Dicho de otra forma, solo tengo miedo a extralimitar mis posibilidades (o tentar a la suerte, como quieras llamarlo) cuanto más importa el resultado, y conforme más juego y más aprendo, tanto en el mus como en la vida, más me doy cuenta de que el que sin miedo juega, mejor juega y gana.
Si no juegas al mus siento que te hayas tenido que tragar la metáfora comparativa, pero la veo bastante acertada. Pasa lo mismo en los exámenes, en el fútbol, en el baloncesto, en los negocios, en el amor... Cuanto más te juegas, más miedo y sin miedo...
No creo en la suerte, creo en el trabajo duro y en confiar en uno mismo y es que o juegas con confianza o juegas con miedo, y aunque a veces me cueste mucho creerme mis propias palabras, la clave es confiar en tus posibilidades, esa es la actitud, confianza en uno mismo. Nunca dejes de confiar.
Seguimos soñando.
Bajo un sol de justicia, ni más ni menos que a las tres de la tarde, en el primer partido de baloncesto después de la lesión de mi hermano, la remontada por mi parte se estaba fraguando. Tras un 12-0 inicial, y más tarde 27-23, siempre abajo yo, y con posesión mi hermano, las cosas pintan feas. Consigo empatar a 27 con un par de canastas seguidas.. En mi manos está el 27-30, la canasta de la victoria, la gloria, el cruel vacile durante los próximos días.
Horas antes había estado pensando acerca de lo que te iba a contar hoy, y en ese momento, más allá de la línea de 6'25, la del triple, se me pasa por la cabeza la entrada de hoy.
Mis pulmones no pueden más, el calor y la edad pasan factura y ante mí la duda: ¿tiro de tres y me arriesgo a perder la posesión si fallo y perder el partido, o intento jugar un par de canastas de dos?
Antes de seguir has de saber que soy un tirador nato, quiso ficharme la NBA porque veían que mis porcentajes de tiro eran más que prometedores: promedio un 1/50 en tiros de tres y un 1/10 en tiros de dos, y eso tirando por lo alto.
Pero no me he rendido, y tampoco he dudado. He confiado en mi tiro cuando yo mismo sabía que no iba a entrar, me he dicho: este tiro va a entrar y vas a ganar. Algo en mí me hizo saltar y tirar cuando aún ni me había decidido y segundos después, como si el Espíritu Santo me hubiera iluminado, la pelota entraba limpia. ¡¡¡LIMPIA!!!
Siempre lo he pensado: el mus es como la vida misma. Es muy fácil jugar con cartas, cuando la suerte (16. No creo en la suerte, no creo que exista) te sonríe y solo te ocurren cosas buenas y te vienen grandes jugadas.
Es más, cuando las cosas te van bien y tienes buenas cartas en unas cuantas partidas seguidas, una mala mano, unas malas cartas tampoco suponen ningún problema, tan solo suponen una oportunidad para poder tirarte un farol e intentar demostrar algo que no es. En la vida eso no tiene por qué valer, pero en el mus sí; todo depende de cómo lo enfoques...
Y cuán diferente es tirarte un farol cuando en general las cosas te van bien y si pierdes no pierdes mucho, a jugarte un farol cuando muchas cosas dependen de ello, cuando te la estás jugando.
No se me da mal tirarme faroles, sobre todo jugando, pero hemos de diferenciar las diferentes situaciones en las que he jugado y suelo jugar: en primer lugar está cuando juego con amigos y no importa mucho el resultado, en segundo llegar cuando juego con gente con la que, sin apostarnos nada, el resultado es mucho más que un simple resultado, y los campeonatos. El orden es directamente proporcional a la prudencia con la que juego mis cartas.
Dicho de otra forma, solo tengo miedo a extralimitar mis posibilidades (o tentar a la suerte, como quieras llamarlo) cuanto más importa el resultado, y conforme más juego y más aprendo, tanto en el mus como en la vida, más me doy cuenta de que el que sin miedo juega, mejor juega y gana.
Si no juegas al mus siento que te hayas tenido que tragar la metáfora comparativa, pero la veo bastante acertada. Pasa lo mismo en los exámenes, en el fútbol, en el baloncesto, en los negocios, en el amor... Cuanto más te juegas, más miedo y sin miedo...
No creo en la suerte, creo en el trabajo duro y en confiar en uno mismo y es que o juegas con confianza o juegas con miedo, y aunque a veces me cueste mucho creerme mis propias palabras, la clave es confiar en tus posibilidades, esa es la actitud, confianza en uno mismo. Nunca dejes de confiar.
Seguimos soñando.
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