Diario de una ninfómana.

3. La música que más me gusta es la música que no tiene letra, las bandas sonoras, las canciones de piano.

Hace unos años me propuse comprobar eso de que el cine español era una basura por mis propios ojos. Decidí empezar a ver películas hasta encontrar unas pocas que fueran dignas de mención.
Como en la mayoría de ocasiones que empiezas buscando algo, terminé encontrando algo bien diferente. Vi películas malas con buenos actores, películas malas con buenos guiones, películas buenas y con buenos actores pero con un guión que no había por donde cogerlo... Pero lo que terminé encontrando fueron películas normaluchas con impresionantes bandas sonoras.

Si ya has leído el título hazme el favor de no asustarte: Diario de una ninfómana, película dirigida en 2008 por Christian Molina, basada en la novela autobiográfica de Valérie Tasso; autobiográfica, telita.

No tengo que excusarme por nada, pero ya puestos me gustaría explicarte que fue una más de una lista en la que la mayoría pasaron sin pena ni gloria pero que más de una no solo se salvó sino que me parecieron una pasada (entre ellas Verbo, película de la que espero poder hablarte pronto).
De la película de Christian Molina me llevé una sola cosa, y ni eso, me llevé un nombre, una persona, un artista: Roque Baños, el músico que compuso la banda sonora.

Más de una de las canciones, canciones sin letra, por cierto, dejaron una importante huella en mí. No porque tuvieran que ver absolutamente nada con la película, porque en realidad no tenían nada que ver, sino porque me parecieron una obra de arte, una manera de intentar expresar sentimientos a través de unas notas que en contadas ocasiones había visto antes.

El resurgir, la canción número once de la bso original fue la que más me impactó. Reciben sus nombres por los momentos de la película en los que más tarde fueron colocados, y precisamente esa mucha trascendencia no me pareció tener comparándola con otras como Intento de suicidio o Pierde un hijo.

Puede que fuera eso lo que hizo que me enamorase de ella, que fuera "una más", que pasara sin pena ni gloria, y que fuera yo quien tuviera los ojos adecuados para mirarla, para observar y escuchar su magia.

Seguimos soñando.

Comentarios