Día 5: Winter

Me he dado cuenta de que últimamente hablo demasiado de series y canciones y me gustaría no abusar tanto de esos temas pero hace casi un mes, volviendo del Parque Europa, me saltó en el aleatorio una canción que hacía mucho, mucho tiempo que no escuchaba: Joshua Radin - Winter. He esperado a un día especial como hoy, día 5, para contártelo. Me he alargado un poco pero llevaba mucho queriendo contártelo, no me odies demasiado...



Tras varios días retrasando lo inevitable, el 5 de enero de 2013 falleció mi abuelo. Cuando alguien cercano a ti se va, los que menos te conocen suelen preguntarte si tenías mucha relación con esa persona, y me enorgullece decir que aunque no teníamos una relación muy muy estrecha, era una relación preciosa y, sin duda alguna, especial.

Hacía varios años ya que me iba unos días en verano a visitarlos a su casa. No te voy a engañar, en cierto modo vivía a cuerpo de rey y puede que eso contribuya al precioso recuerdo que tengo de aquellos maravillosos días. Tenía que “madrugar”, pero el resto del día lo pasaba con ellos, sin obligaciones, sin ataduras y disfrutando cada momento a su lado; vacaciones de verdad.

Muchas cosas me llevé de aquellas vacaciones, de aquella casa, y ninguna fue material; cada verano aprendía algo nuevo, cosas que conforme pienso y recuerdo me hacen darme cuenta de lo mucho que me dejé por aprender.


El verano de 2012 fue el último que pasé a su lado, si bien no fueron los últimos ni los penúltimos días, fueron los últimos que pude disfrutar realmente de él. La siguiente vez que le vi fue al día siguiente de conocer a la que poco después sería mi novia durante un tiempo. La última vez que le vi fue en aquella cama de hospital, a principios de enero.

Era mi primer gran pérdida y no sabía que lo duro no solo eran esos momentos iniciales sino los que vienen después, unas semanas después al ver que ya no llamaba y, sobre todo, al comenzar el verano y no poder contar con esos días mágicos que me daban la vida.

Pasaron los días y los meses y de manera totalmente inconsciente soporté la reciente pérdida gracias al auge, la ilusión y lo bien que iban las cosas en mi nueva relación. 


Pues bien, pasaron los meses y esa relación se torció. Recuerdo perfectamente aquel día, en aquel banco, esperando que ella llegara para intentar solucionar algo. Las cosas no habían ido bien últimamente pero aquel día vino la niña que sacó lo mejor de mí tiempo atrás. Cuando se fue yo decidí quedarme allí un rato y encendí la música. ¿Qué canción salió? Winter, de Joshua Radin.

6. No me gusta llorar y cierto es que apenas lloro. Que yo recuerde y desde que tengo uso de razón, solo he llorado dos veces en compañía de alguien.

Aquel día fue una de esas dos veces. Un rato después ella volvió y me vio. Yo no quería dejar de escuchar esa canción, ni si quiera sabía por qué me recordaba a él pero fue en ese momento cuando me di cuenta de que se había ido, de que no volvería a verlo nunca más.

No recuerdo más de un par de abrazos que me hayan reconfortado tanto como el abrazo de aquel día, escuchando por un auricular esa canción tan especial, notando las lágrimas caer lentamente por mis mejillas como si con cada una de ellas se fuera una parte de él, y el abrazo que me hacía sentirme protegido, en sus brazos, protegido por mi escudo, por ella, por él.


Y cuando volviendo en bus del Parque Europa sonó esa canción volví a aquel banco en aquel parque aquel día, volví a aquellos veranos con mi abuelo, volví a abrazarlo una vez más. Soñé despierto.


Seguimos soñando.

Comentarios