No decepciones a quien te quiere (parte I)

Hace ya años de esto, pero tenía una estrecha y envidiable amistad con una amiga que era una bellísima persona. Sin embargo, la vida no la había tratado demasiado bien y los problemas se le habían acumulado de una manera bastante injusta.

Sea como fuere, encontró consuelo en ese tema tabú de los que pocos hablan, los cortes. Sí, ella se cortaba.
Eso no la convertía en un bicho raro, al contrario, cuando me lo dijo sentí como la relación se había hecho mucho más fuerte: confianza, seguridad... No encuentro las palabras, supongo que en definitiva me hizo partícipe de uno de sus "esqueletos", así los llaman en Shameless, los tradicionales infiernos, y eso me cautivó.


Nunca habíamos utilizado el teléfono para llamarnos, y aquella tarde me llamó. En primera instancia supuse que sería alguna broma o algo así, pero lejos de aquella suposición, me llamaba para contarme que había tenido un día demasiado malo, y que al cortarse se había pasado de la raya. En aquel momento no lo entendía, no sabía que hubiera una raya de la que no se pudiera pasar, el simple hecho de cortarse ya suponía pasarse de la raya, ¿no?
Me envió una foto unos pocos segundos después y ahí comprendí el sentido de sus palabras. Hacía unos pocos meses me había caído en bici y tuvieron que darme unos puntos. Cuando vi aquella inoportuna raja en su brazo no me salió decirle otra cosa que: vas a necesitar puntos.

No tuve tacto, lo sé, pero creo que estaba yo más preocupado por ella que ella misma, y eso que su voz temblaba al hablar y apenas era capaz de terminar las frases.
No quería decírselo a sus padres, pero me sentí en la obligación de decirle lo que pensaba, y lo que pensaba era que tenía que tenía que ir al hospital.

No volvió a hablarme hasta unas cuantas, y angustiosas, horas después.

Había ido al hospital y tras arduas negociaciones con el cirujano consiguió que todo se quedase en unos puntos de contacto.

Por la noche volvió a llamarme y me contó con pelos y señales lo que había ocurrido ese día.


Dicen que cortarse puede ser como una droga, que para nada es fácil de dejarlo. Ella era uno de esos casos, lo utilizaba como solución a prácticamente todo, pero durante aquella conversación me dijo que jamás lo volvería a hacer. No paraba de repetírmelo, no paraba de decirme que no iba a volver a hacerlo, que no, que no lo haría más. Le dije que estaba muy orgulloso de esa decisión, pero la curiosidad me corrompía por dentro, y le pregunté que qué le había llevado a tomar esa decisión...

No era por qué, era por quién.



Mañana la segunda parte.

Seguimos soñando.

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