Mis zapatillas

Existen un montón de tipos, decenas de marcas y miles de modelos de zapatillas. Cada vez que cuando era pequeño iba a comprar unas, era incapaz de decidirme, todas me gustaban. No era capaz de decidir, no podía decidir.

Las cosas cambiaron con el paso de los años; la paciencia y la experiencia hacían mella, y comprendí que no por ver unas muy bonitas al principio debía quedarme con ellas. 
Las veía, me encantaban y me quedaba con su imagen en la cabeza mientras buscaba más, esperando que ninguna me gustase tanto como esas para poder llevármelas, pero claro que las había. Y cuando las encontraba se repetía el proceso.

Resulta que hace un par de años fui a comprar unas zapatillas y seguí ese procedimiento, viendo, seleccionando las que más me gustasen y de entre ellas, eligiendo las mejores. Pero algo cambió, comprendí que si me iba a llevar unas zapatillas que me pondría a todas horas no solo podían gustarme, tenían que enamorarme. 

Y me enamoraron. 

Ni si quiera sé qué tenían de especiales, ni tampoco qué color eran, solo sé que en cuanto las vi olvidé por completo todas las que había visto hasta el momento. No necesitaba mirar más, no necesitaba comparar, sabía que eran esas.

Por más que lo intento no consigo recordar el modelo, la marca o el tipo de zapatillas que eran. Tampoco recuerdo la forma, ni el diseño, ni la combinación de tantos y tantos colores que combinados hacían de esas zapatillas las zapatillas más bonitas que jamás había visto y nunca volveré a ver.

Seguimos soñando.

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