Mis bicis
En agosto del año pasado empezó mi relación con ella. Llegó de la forma menos esperada, de rebote se podría decir; para nada estaba planeado. Pocas semanas antes había comprado una bici en barna y además de intercambiarla por esta, recuperé el dinero. Al principio la ilusión recorrió todo mi cuerpo, había conseguido una pasada de bici y un envidiable negocio.
Quizá es por eso por lo que no he terminado de hacerme a ella, porque llegó de rebote, sin quererlo; yo no la busqué, yo no la pedí, simplemente llegó.
Con ella he aprendido bastante, pero apenas he tenido rodaje: con ella vino mi primer dolor serio, mi primer dolor de rodilla, dolor que desde diciembre es innato en mí, dolor del que no me separo, un dolor que parece insípido y que a veces desaparece pero que cuando menos lo espero vuelve más y más fuerte y más más puñetero.
No estaba enamorado de ella. Nunca me he enamorado y tampoco lo hice de aquella bici. No obstante, el hecho de no estarlo me permitió echarle un ojo a alguna otra; algún vistazo, nada más, nada serio. Nada serio hasta que el capricho llegó de una forma que al principio creí estar buscando yo y que terminé dándome cuenta de que no tenía mucho que ver conmigo.
Creo que las cosas empezaron a finales de diciembre o primeros de enero, no lo recuerdo bien. Ahí llegó la primera toma de contacto, las primeras palabras, las primeras preguntas y las primeras negociaciones.
Cuando se trata con bicis de tan alta gama, el único punto a discutir suele ser el del precio, y aquella ocasión no iba a ser menos: aquella bici merecía la mejor de las negociaciones. Con el paso de las semanas mi ilusión crecía, la bici que dormía en mi garaje cogía polvo, y mi esperanza para volver a la carretera de forma triunfal cobraba sentido y se tornaba real, la nueva bici; un nuevo comienzo, un comienzo en el que la bici tiraría de mí y no al revés. Parece imposible que así sea, que de una forma u otra soy yo el que termina dando los pedales y ejerciendo la fuerza, pero hay muchas maneras de hacer fuerza y con una obra de arte cerca de ti es todo mucho más fácil.
Ahí llegó el primer gran chaparrón: la rodilla no me permitía soñar despierto y mis sueños a corto y medio plazo se desvanecían cogidos de la mano de la ilusión que llevaba meses creciendo dentro de mí.
De todas formas, mi carácter luchador y mi cabezonería no permitieron que se fueran del todo esos sueños, 'es solo cuestión de tiempo' me decía, 'tranquilo, sigue soñando'.
De forma suave y no sin nuestros mases y nuestros menos, volví a coger la bici que con polvo yacía en el garaje con la esperanza de coger tono y estar a la altura de la nueva. Pero el dueño de la 'nueva' bici y yo no nos entendíamos, parecíamos no hablar el mismo idioma. El tiempo jugaba única y exclusivamente en mi favor, o eso creía yo...
Continuará...
Seguimos soñando.
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