Fallar o ganar
Tantas apuestas y a la hora de la verdad, el miedo a perder me impide volver a jugármela.
Creo que lo que nos hace especiales, únicos y diferentes a los demás es el conjunto de decisiones que tomamos. Pasamos los días tomando decisiones, eligiendo, acertando y errando, pero algunos aciertos son más importantes que otros, y algunos errores son más trascendentales que otros.
Hubo un tiempo en el que preferí no arriesgar, de tal forma que no tendría aciertos, pero tampoco cometería errores. Situaciones desesperadas, medidas desesperadas; aquella fue una.
De aquellos días me traje conmigo el miedo a estropear las cosas que más me importan. Que sí, que cientos de apuestas, cientos de decisiones cotidianas en forma de apuestas y tantos resultados regulares como resultados buenos, pero a la hora de la verdad...
En un partido de baloncesto, pueden pasar dos cosas cuando un jugador lanza un triple, que esté cubierto por un defensor o esté libre de marca y lance solo. Alguna de las veces que un jugador lanza sin ningún jugador que le esté defendiendo, antes de lanzar se toma un par de segundos por el simple hecho de que puede tomárselos pues nadie le incordia, suele fallarlo.
¿Por qué?
Porque ha dudado, o eso suelen decir los comentaristas.
Cientos de veces han lanzado en peores condiciones, físicas o mentales, y con uno o varios jugadores contrarios encima, pero han acertado, han encestado. Tenemos que confiar más en nuestras propias posibilidades, tenemos que creer en nosotros.
Vale, pongamos que me creo esto, que creo que puedo comerme el mundo... ¿Qué pasa si fallo el triple? ¿Qué pasa si no acierto?
Seguimos soñando.
Creo que lo que nos hace especiales, únicos y diferentes a los demás es el conjunto de decisiones que tomamos. Pasamos los días tomando decisiones, eligiendo, acertando y errando, pero algunos aciertos son más importantes que otros, y algunos errores son más trascendentales que otros.
Hubo un tiempo en el que preferí no arriesgar, de tal forma que no tendría aciertos, pero tampoco cometería errores. Situaciones desesperadas, medidas desesperadas; aquella fue una.
De aquellos días me traje conmigo el miedo a estropear las cosas que más me importan. Que sí, que cientos de apuestas, cientos de decisiones cotidianas en forma de apuestas y tantos resultados regulares como resultados buenos, pero a la hora de la verdad...
En un partido de baloncesto, pueden pasar dos cosas cuando un jugador lanza un triple, que esté cubierto por un defensor o esté libre de marca y lance solo. Alguna de las veces que un jugador lanza sin ningún jugador que le esté defendiendo, antes de lanzar se toma un par de segundos por el simple hecho de que puede tomárselos pues nadie le incordia, suele fallarlo.
¿Por qué?
Porque ha dudado, o eso suelen decir los comentaristas.
Cientos de veces han lanzado en peores condiciones, físicas o mentales, y con uno o varios jugadores contrarios encima, pero han acertado, han encestado. Tenemos que confiar más en nuestras propias posibilidades, tenemos que creer en nosotros.
Vale, pongamos que me creo esto, que creo que puedo comerme el mundo... ¿Qué pasa si fallo el triple? ¿Qué pasa si no acierto?
Seguimos soñando.
Pasa que al menos no te estarás preguntando toda tu vida qué hubiera pasado si al menos lo hubieras intentado. Al menos te ahorrarás los malditos '¿y si...?'.
ResponderEliminar«Que el miedo a fallar no te impida jugar» suelen decir.
¿"Y si" me arriesgo a perder el miedo y no sólo pierdo el miedo sino todo lo demás?
EliminarPonte que tiras el triple, y lo fallas, ¿podrías vivir con eso?
Hay que diferenciar entre qué triples tirar y qué triples no tirar, pero aquellos que pueden ser viables, ¿por qué no? Prefiero vivir con un fallo que con la incertidumbre, porque no saber es mucho peor que fallar.
EliminarIntuir es mucho peor que perder,
Eliminarprever es mucho mejor que perder,
y ser precavido es mucho mejor que perder.
No todo es blanco o negro, no todo es no saber o fallar.
En la variedad de grises está la clave.