Unas veces se gana y otras...
Atención, si no sabes jugar al mus y no quieres perder unos buenos minutos de tu vida... No sé, no sé deberías seguir leyendo, puede que no te enteres de mucho.
No, mejor dicho, voy a hacerlo diferente. Te voy a resumir aquí al principio qué tal ha ido y te dejo luego la crónica, cuanto menos extensa, del desarrollo del juego.
Se podría resumir la tarde en que hemos pasado de primera ronda, no sin sufrimiento a pesar de que todo se nos puso de cara, y también los cuartos de final, pero caímos en semifinales presa de la mala suerte. Es típico echarle la culpa a las cartas cuando pierdes, de la misma manera que es típico echarle la culpa al árbitro cuando pierdes un partido. No te engaño, no hemos tenido buena suerte, pero tampoco es no tener buena suerte, es que al contrincante le entre de todo, y le ha entrado de todo.
No me gusta perder, y a pesar de que lo intento disimular, no sé perder. Unas veces se gana y otras se aprende. Hoy tocaba aprender, y aunque creo no haber aprendido mucho, seguro que algo saco en los próximos días. No me lo he pasado mal aunque ya sabes, me hubiera quedado allí toda la tarde si por mí fuera.
Ya estoy deseando volver a jugar, y es que creo que con un poco de suerte el viernes toca otra partidilla. Me encanta.
En fin, semifinales, no está mal. Poco a poco.
No me gusta llegar tarde por lo que poco después de las tres y media ya estábamos por allí.
Para nuestra sorpresa, habían estructurado el campeonato en dos grupos, "Liga 1" y "Liga 2", y a cada liga en dos turnos; nosotros estábamos en el segundo, que empezaba casi dos horas después.
Decidimos quedarnos para echar un vistazo al resto de parejas del torneo, y he de reconocer que me sorprendió la poca rivalidad que veían mis ojos. Más que poca rivalidad, que siempre hay algo de rivalidad en un campeonato, la poca experiencia que parecían tener las jóvenes, y no tan jóvenes, parejas que estaban allí jugando.
No me gusta juzgar, ya lo sabes, así que me decidí a observar, creyendo que con un poco de suerte, algunos de esos sería nuestro futuro rival.
Con un poco de retraso llegaron nuestros contrincantes, una niña de entre doce y catorce años y su padre. Ella es la segunda vez que jugaba, pero el padre parecía estar bien curtido.
Y en la primera, sin comerlo ni beberlo, mi compañera corta el corrido y sin señas y nos empezamos a pegar a pares. Resulta que ella tenía "duples" de pitos y seises, él tenía "duples" de cuatros y seises (lo cual eran mejores que los de Celia) y yo "duples" de sotas y reyes.
No me puedo quejar, la verdad.
El órdago para nosotros, y 1-0 en el marcador.
Al tran tran y con mi suerte en Sebastopol, Celia se encargaba de mantenerlo a raya a pesar de que parecía tener dos reyes siempre bajo la mano. En otro órdago que eché poco después, con el marcador muy favorable, el padre volvió a entrar. Para quien no sepa mucho de mus, ese órdago a nuestro favor (órdago en el póker se denomina all in) supuso el dos cero en el marcador.
No quiero aburrirte con más detalles de cartas, pero se ve que contagié a Celia mi mala suerte, o mejor dicho, a los rivales les desviamos nuestra buena suerte porque no pararon de ligar; venga a coger cartas, venga a coger cartas...
Cierto es que el mus es un juego en el que no es intrínsecamente necesario que te vengan buenas cartas para poder ganar, pero cuando al rival le vienen las mejores y nosotros no pasábamos de una burda pareja de cuatros, poco se puede hacer.
Desde la dirección del torneo, qué profesional suena así dicho, no paraban de meternos prisa; nuestro rival nos aguardaba unos metros más allá. Yo los conozco, son unos chavales de un año más, uno primo de un amiguete mío. Tan pronto supimos que eran ellos nos quedamos pálidos, sabíamos que eran buenos, y con el 2-2 en nuestros marcador, con la tensión a flor de piel y la inexperiencia de la niña cometiendo errores básicos para el correcto desarrollo del juego, todo parecían malas noticias.
2-2, 34 a 31 iban por delante. Era a cuarenta, lo tenían prácticamente hecho; además, ella era mano, ella tenía ahora la ventaja. Ávido de cortar sin nada, destapo mis cartas y veo un rey, un siete, un cuatro y un pito... Ellos se dan mus. No puedo cortarlo, no tengo nada, así que contradigo mis principios y me doy mus. Me quedo con el rey y tengo la gran suerte de que me entra otro rey y dos caballos. Los segundos duples más altos que hay. Corto, no sin un paripé bastante mal disimulado, y nos ponemos al lío. La niña, con tres pitos envida a pares, y con 35 en el marcador (no pudimos ver la chica), echo el órdago. Se ve que el paripé no estaba tan mal echado y entraron. 3-2.
Al fin pasábamos de ronda.
Pero apenas había tiempo para disfrutar de la victoria, nuestros rivales aguardaban impacientes y desde la dirección nos reducían la duración de la partida, al mejor de tres vacas, no el que llegase a las tres vacas.
Empezamos igualados, pero con justicia he de decir que no jugábamos sin cartas. Al fin entraba algo, y no éramos los únicos. Parecía que la baraja se hubiera puesto de acuerdo en hacer una breve, si breve dos veces buena, gran partida.
Con unos buenos 31 le quito la mano a Celia confiando en que el que tenía a mi izquierda no tuviera juego, y así fue. El órdago con 36 puntos en nuestro marcador significaba ya el primer punto en nuestro marcador. 1-0.
Es mano el chaval de mi izquierda y se sacan unos 10 puntos por los dos que conseguimos nosotros.
Sin embargo, en la siguiente soy yo mano y me reparte un pedazo de solomillo que tenía que aprovechar. Me di mus, y Celia tampoco lo dudó, éramos mus. El chaval de mi derecha dice que no tiene nada pero el postre, el último, confía en sus cartas, corta y envida a grande (apuesta dos a la grande). "Bah, uno cero en el cómputo global, siendo mano, con solomillo... Lo estás deseando, échale todas" pensaba por dentro. Todas, le digo, y empieza a hablar con su compañero. Le dice que confía en sus dos reyes caballo y mi yo interior sonriendo por dentro, deseoso de que recoja el agridulce caramelo que le he puesto frente a los labios, agrio para él, dulce para nosotros. Finalmente aceptó, lo que nos situaba ya en las semifinales del torneo con un jugoso 2-0.
No ha sido muy justo, la verdad. Ha habido gente que ha jugado partidas de una hora y nosotros hemos ventilado esa en diez minutos. Bueno, las semifinales aguardaban y tampoco había tiempo para disfrutar de la victoria.
Aquí ya no valían intensivos de mus de tres horas la tarde de antes, aquí llegaba lo serio, aquí llegaban las semifinales, aquí llegaban los padres... Parece mentira, pero aunque llevase toda la tarde viéndolos jugar y hubiera pensado por dentro "ojalá nos toquen, son presa fácil...", ha impuesto tenerlos cara a cara. La primera a cuarenta y luego a treinta... Al mejor de tres... Otra vez había que ir rápidos.
La primera, corrida y sin señas, la corta el de mi derecha con 31, pero es que su pareja tenía duples... No pasa nada, pienso por dentro, ya nos entrarán a nosotros. Pero nada, reparte él y otra vez lo mismo, 31 y duples para ellos pero en las manos contrarias. Eché un órdago a la desesperada poco después, habiéndolo cortado yo y siendo mano, pero también llevaban duples. En fin, 1-0 perdíamos.
La suerte cambió, y aunque no se puso de nuestro lado, supimos aprovecharla y nos bastó con tener las mismas cartas que ellos para empezar a masacrarlos. Sí, sí, una verdadera masacre, no las veían venir y eso que la mayoría de veces tenían ellos mejores cartas. Con un 26-2 y siendo mano yo de nuevo, nos echan órdago a grande, de segundas dadas, y Celia con tres reyes caballo quiere. Pásmate, que el otro tenía también tres reyes, pero "mal acompañados", un siete.
1-1 en el marcador, quien gane pasa a la final.
Volví a respirar, había estado toda esa segunda partida sin respirar.
Pero de nuevo volvió a cambiar la suerte, y mejor que en la primera mano, si cabe; en su favor, por supuesto. No hemos podido hacer nada, y se nos han marchado delante de nuestras narices. Quitando esos tres reyes que nos dieron el triunfo, la pobre Celia no cogía nada desde la primera partida jugamos un rato antes. Se nos han ido, a treinta, se nos han ido...
No pasa nada, hemos caído en semifinales, no está tan mal. Cinco años llevo en mi pueblo sin pasar de ronda, y a pesar de que este verano gané el campeonato en otro pueblo, el miedo de la primera ronda siempre está ahí, y algo me hace pensar que siempre estará ahí.
No me lo he pasado mal. Unas veces se gana y otras... Se aprende.
Seguimos soñando.
No, mejor dicho, voy a hacerlo diferente. Te voy a resumir aquí al principio qué tal ha ido y te dejo luego la crónica, cuanto menos extensa, del desarrollo del juego.
Se podría resumir la tarde en que hemos pasado de primera ronda, no sin sufrimiento a pesar de que todo se nos puso de cara, y también los cuartos de final, pero caímos en semifinales presa de la mala suerte. Es típico echarle la culpa a las cartas cuando pierdes, de la misma manera que es típico echarle la culpa al árbitro cuando pierdes un partido. No te engaño, no hemos tenido buena suerte, pero tampoco es no tener buena suerte, es que al contrincante le entre de todo, y le ha entrado de todo.
No me gusta perder, y a pesar de que lo intento disimular, no sé perder. Unas veces se gana y otras se aprende. Hoy tocaba aprender, y aunque creo no haber aprendido mucho, seguro que algo saco en los próximos días. No me lo he pasado mal aunque ya sabes, me hubiera quedado allí toda la tarde si por mí fuera.
Ya estoy deseando volver a jugar, y es que creo que con un poco de suerte el viernes toca otra partidilla. Me encanta.
En fin, semifinales, no está mal. Poco a poco.
No me gusta llegar tarde por lo que poco después de las tres y media ya estábamos por allí.
Para nuestra sorpresa, habían estructurado el campeonato en dos grupos, "Liga 1" y "Liga 2", y a cada liga en dos turnos; nosotros estábamos en el segundo, que empezaba casi dos horas después.
Decidimos quedarnos para echar un vistazo al resto de parejas del torneo, y he de reconocer que me sorprendió la poca rivalidad que veían mis ojos. Más que poca rivalidad, que siempre hay algo de rivalidad en un campeonato, la poca experiencia que parecían tener las jóvenes, y no tan jóvenes, parejas que estaban allí jugando.
No me gusta juzgar, ya lo sabes, así que me decidí a observar, creyendo que con un poco de suerte, algunos de esos sería nuestro futuro rival.
Con un poco de retraso llegaron nuestros contrincantes, una niña de entre doce y catorce años y su padre. Ella es la segunda vez que jugaba, pero el padre parecía estar bien curtido.
Y en la primera, sin comerlo ni beberlo, mi compañera corta el corrido y sin señas y nos empezamos a pegar a pares. Resulta que ella tenía "duples" de pitos y seises, él tenía "duples" de cuatros y seises (lo cual eran mejores que los de Celia) y yo "duples" de sotas y reyes.
No me puedo quejar, la verdad.
El órdago para nosotros, y 1-0 en el marcador.
Al tran tran y con mi suerte en Sebastopol, Celia se encargaba de mantenerlo a raya a pesar de que parecía tener dos reyes siempre bajo la mano. En otro órdago que eché poco después, con el marcador muy favorable, el padre volvió a entrar. Para quien no sepa mucho de mus, ese órdago a nuestro favor (órdago en el póker se denomina all in) supuso el dos cero en el marcador.
No quiero aburrirte con más detalles de cartas, pero se ve que contagié a Celia mi mala suerte, o mejor dicho, a los rivales les desviamos nuestra buena suerte porque no pararon de ligar; venga a coger cartas, venga a coger cartas...
Cierto es que el mus es un juego en el que no es intrínsecamente necesario que te vengan buenas cartas para poder ganar, pero cuando al rival le vienen las mejores y nosotros no pasábamos de una burda pareja de cuatros, poco se puede hacer.
Desde la dirección del torneo, qué profesional suena así dicho, no paraban de meternos prisa; nuestro rival nos aguardaba unos metros más allá. Yo los conozco, son unos chavales de un año más, uno primo de un amiguete mío. Tan pronto supimos que eran ellos nos quedamos pálidos, sabíamos que eran buenos, y con el 2-2 en nuestros marcador, con la tensión a flor de piel y la inexperiencia de la niña cometiendo errores básicos para el correcto desarrollo del juego, todo parecían malas noticias.
2-2, 34 a 31 iban por delante. Era a cuarenta, lo tenían prácticamente hecho; además, ella era mano, ella tenía ahora la ventaja. Ávido de cortar sin nada, destapo mis cartas y veo un rey, un siete, un cuatro y un pito... Ellos se dan mus. No puedo cortarlo, no tengo nada, así que contradigo mis principios y me doy mus. Me quedo con el rey y tengo la gran suerte de que me entra otro rey y dos caballos. Los segundos duples más altos que hay. Corto, no sin un paripé bastante mal disimulado, y nos ponemos al lío. La niña, con tres pitos envida a pares, y con 35 en el marcador (no pudimos ver la chica), echo el órdago. Se ve que el paripé no estaba tan mal echado y entraron. 3-2.
Al fin pasábamos de ronda.
Pero apenas había tiempo para disfrutar de la victoria, nuestros rivales aguardaban impacientes y desde la dirección nos reducían la duración de la partida, al mejor de tres vacas, no el que llegase a las tres vacas.
Empezamos igualados, pero con justicia he de decir que no jugábamos sin cartas. Al fin entraba algo, y no éramos los únicos. Parecía que la baraja se hubiera puesto de acuerdo en hacer una breve, si breve dos veces buena, gran partida.
Con unos buenos 31 le quito la mano a Celia confiando en que el que tenía a mi izquierda no tuviera juego, y así fue. El órdago con 36 puntos en nuestro marcador significaba ya el primer punto en nuestro marcador. 1-0.
Es mano el chaval de mi izquierda y se sacan unos 10 puntos por los dos que conseguimos nosotros.
Sin embargo, en la siguiente soy yo mano y me reparte un pedazo de solomillo que tenía que aprovechar. Me di mus, y Celia tampoco lo dudó, éramos mus. El chaval de mi derecha dice que no tiene nada pero el postre, el último, confía en sus cartas, corta y envida a grande (apuesta dos a la grande). "Bah, uno cero en el cómputo global, siendo mano, con solomillo... Lo estás deseando, échale todas" pensaba por dentro. Todas, le digo, y empieza a hablar con su compañero. Le dice que confía en sus dos reyes caballo y mi yo interior sonriendo por dentro, deseoso de que recoja el agridulce caramelo que le he puesto frente a los labios, agrio para él, dulce para nosotros. Finalmente aceptó, lo que nos situaba ya en las semifinales del torneo con un jugoso 2-0.
No ha sido muy justo, la verdad. Ha habido gente que ha jugado partidas de una hora y nosotros hemos ventilado esa en diez minutos. Bueno, las semifinales aguardaban y tampoco había tiempo para disfrutar de la victoria.
Aquí ya no valían intensivos de mus de tres horas la tarde de antes, aquí llegaba lo serio, aquí llegaban las semifinales, aquí llegaban los padres... Parece mentira, pero aunque llevase toda la tarde viéndolos jugar y hubiera pensado por dentro "ojalá nos toquen, son presa fácil...", ha impuesto tenerlos cara a cara. La primera a cuarenta y luego a treinta... Al mejor de tres... Otra vez había que ir rápidos.
La primera, corrida y sin señas, la corta el de mi derecha con 31, pero es que su pareja tenía duples... No pasa nada, pienso por dentro, ya nos entrarán a nosotros. Pero nada, reparte él y otra vez lo mismo, 31 y duples para ellos pero en las manos contrarias. Eché un órdago a la desesperada poco después, habiéndolo cortado yo y siendo mano, pero también llevaban duples. En fin, 1-0 perdíamos.
La suerte cambió, y aunque no se puso de nuestro lado, supimos aprovecharla y nos bastó con tener las mismas cartas que ellos para empezar a masacrarlos. Sí, sí, una verdadera masacre, no las veían venir y eso que la mayoría de veces tenían ellos mejores cartas. Con un 26-2 y siendo mano yo de nuevo, nos echan órdago a grande, de segundas dadas, y Celia con tres reyes caballo quiere. Pásmate, que el otro tenía también tres reyes, pero "mal acompañados", un siete.
1-1 en el marcador, quien gane pasa a la final.
Volví a respirar, había estado toda esa segunda partida sin respirar.
Pero de nuevo volvió a cambiar la suerte, y mejor que en la primera mano, si cabe; en su favor, por supuesto. No hemos podido hacer nada, y se nos han marchado delante de nuestras narices. Quitando esos tres reyes que nos dieron el triunfo, la pobre Celia no cogía nada desde la primera partida jugamos un rato antes. Se nos han ido, a treinta, se nos han ido...
No pasa nada, hemos caído en semifinales, no está tan mal. Cinco años llevo en mi pueblo sin pasar de ronda, y a pesar de que este verano gané el campeonato en otro pueblo, el miedo de la primera ronda siempre está ahí, y algo me hace pensar que siempre estará ahí.
No me lo he pasado mal. Unas veces se gana y otras... Se aprende.
Seguimos soñando.
Comentarios
Publicar un comentario