Torneo de mus
Sé que es una tontería, pero cuando no tienes cosas más importantes a corto plazo a las que encargarles tus ilusiones y alegrías, cualquier cosa es válida.
Mañana tengo un campeonato de mus y llevo una semana en la que no he parado de pensar en ello. Creo que te lo he repetido hasta la saciedad, pero si no lo sabías ya te lo digo yo: adoro el mus. En general me gustan la mayoría los juegos de cartas, pero es ver un campeonato, la oportunidad de demostrar lo mucho que me gusta y se enciende la vena luchadora; no se hacen prisioneros, los órdagos son a matar.
Lo gracioso es que no se me dan muy allá las primeras rondas. Te preguntarás cómo perdiendo una primera ronda se puede ganar un campeonato, pero te garantizo que se puede.
Tanta emoción de niño pequeño e ilusión por una breve partida que me veo fuera a las primeras de cambio.
Tanta emoción de niño pequeño e ilusión por una breve partida que me veo fuera a las primeras de cambio.
Curioso tema este, el de ganar o perder.
Unas se gana y otras se aprende, pero no me gusta aprender a base de derrotas. Ha llegado un momento en mi vida en el que acepto que es la mejor manera de aprender, y aunque me esfuerzo por saber perder mejor de lo que se me da ganar, hay temas en los que una derrota lleva implícito mucho más que lo que la sola palabra dicta.
Unas se gana y otras se aprende, pero no me gusta aprender a base de derrotas. Ha llegado un momento en mi vida en el que acepto que es la mejor manera de aprender, y aunque me esfuerzo por saber perder mejor de lo que se me da ganar, hay temas en los que una derrota lleva implícito mucho más que lo que la sola palabra dicta.
Me duele perder en una primera ronda, y ojalá mañana venga a contarte que he pasado de ronda, ah no, los ojalás no sirven... Bueno, me mata perder en una primera ronda, pero no deja de ser eso, una primera ronda. ¿Qué hay cuando pierdes algo que de verdad importa?
Ahí ya no es tan fácil perder. A pocos ves bromeando al suspender un examen gordo, gordo gordo, y a nadie riéndose a pleno pulmón en un entierro.
Me pregunto... ¿Qué diferencia hay?
Seguimos soñando.
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