Elle dit qu'il n'est jamais très loin

He estado las dos últimas horas intentando terminar una redacción en francés. Escribo miles de palabras aquí y a lo largo del día, cada día, y no me salía escribir cuatro tonterías sobre mí para luego traducirlas al francés.

No era plan decirle lo poco que me gusta el francés, aunque tampoco me disgusta en exceso, pero siempre que escribo en otro idioma intento alabar el idioma. Supongo que intento silenciar las carencias con un poco de peloteo, aunque así dicho veo el poco sentido que tiene..


Sin embargo, pensando en cosas francesas que han influido en mí se me ha venido a la cabeza Maese Yannick. Yannick Odoh fue mi profesor de francés durante los primeros meses del curso de tercero de la ESO. Vino a aprender nuestro idioma y congeniamos. Él es de Costa de Marfil y vino de intercambio, no sabía que hubiera intercambios entre profesores pero podrían hacerlo más... Al principio hablábamos en franglis, el spanglis pero con el francés. Es lo que tiene no saber hablar ni inglés ni francés, pero cada vez que intentábamos entendernos él fruncía el ceño y luego saltaba de alegría cuando nos entendíamos. Daba palmadas y se reía, como si le acabaran de dar el premio Nobel o le hubieran contado el chiste del siglo.
Qué tío más grande.

Hubo un día en el que yo estaba malo y se acercó a mí con un rostro contrariado (siempre que nos veíamos estábamos de cachondeo máximo, parecía mi mejor amigo en vez de mi profesor) y me dijo con una horrorosa pronunciación: "¿Eres malo?". Él me lo estaba preguntando, pero pareció que me lo decía en serio, afirmándolo, sin preguntarme nada. En francés el verbo estar y ser es el mismo, y lo confundió. Es una tontería, pero sonrío cada vez que la recuerdo. Ojalá vuelva a verle.

La segunda parte de aquel curso escolar vino otro profesor negrito que era mucho más alto y delgado que Yannick. Desde que he empezado a escribir llevo pensando en su nombre y no me ha salido, pero me acaba de venir, ¡¡¡Roman, Maese Roman!!! Las clases con Roman eran un cachondeíto. Pobrecillo, era jovencito, se ve que no le sobraban los cuartos y solo tenía un traje negro, negro como el carbón. Genial fue cuando unos meses después se compró una camisa amarilla chillona y unos zapatos de cuero marrón súper claritos y los combinaba con su ya tradicional traje. Nunca mejor dicho, menuda percha traía.

Años después me lo encontré, no había pasado mucho tiempo pero él me reconoció. Se acercó a mí y estuvimos hablando un rato. No sabes cuánto se me agrandó el corazón el hecho de que se acercase a saludarme, ¡me había reconocido!

Gente sencilla, gente amable, gente que pasase lo que pasase siempre tenían una sonrisa en la cara.

Los echo de menos.

Me pregunto dónde estarán ahora...

Seguimos soñando.



Stromae - Papaoutai

https://www.youtube.com/watch?v=oiKj0Z_Xnjc

Comentarios