Beter
Le miré directamente a los ojos, ella me aguantó la mirada. Reflejaba tantas, tantas cosas que ni si quiera podía entender una. En cambio, había algo que sobresaltaba sobre el resto, era la compasión. Estaba atónito, ¿compasión?
Ella dejó de mirarme a los ojos, había desviado su mirada hacia su brazo. Lo miré yo también. Estaba sangrando. Las gotas recorrían todo el brazo y caían por el codo. Era estremecedor.
Me volvió a mirar, sus ojos ahora reflejaban preocupación, pánico. Temblaba. No era igual que otras veces. Brotaba más sangre que de costumbre.
Se asustaba más por momentos.
Me asustaba más por momentos.
Se asustaba más por momentos.
Me asustaba más por momentos.
Estaba paralizado, no sabía qué decir ni qué hacer. La sangre seguía saliendo y no podía parar de mirarla.
-¿Por qué lo has hecho?- Pregunté. No fue lo más acertado, pero ni pensé lo que dije.
Me volvió a mirar una vez más, esta vez su cara era de decepción.
-Nunca le preguntes eso a alguien que hace algo así, no te dirá la verdad-.
Si antes estaba perdido, ahora más.
-¿Te duele?- Le pregunté. Otra vez el mismo muro, otra vez la misma mirada.
-¿Lo parece? No siento nada- me contestó con frialdad.
-¿Qué puedo hacer por ti?- Último intento, a la desesperada. No me respondió, no paraba de mirar sus heridas, sus cicatrices.
No me gustaban, tampoco las entendía, pero ella las miraba como si le encantasen.
-¿Te gustan?- Le pregunté desconcertado.
-Son un desastre- me dijo sin tan si quiera levantar la mirada de ellas -pero son un desastre bonito, son mi desastre- concluyó.
-¿Qué sientes ahora?- Le pregunté en voz baja
-Conoces mi infierno, supongo que entonces ya lo conoces todo-.
'He bajado a mis infiernos por ti, dijo, pero quizá no pueda salir de ellos'.
Seguimos soñando.
Comentarios
Publicar un comentario