Un vagón cualquiera
Un vagón cualquiera:
La ternura se refleja en sus ojos,
en su voz ese tono humilde cargado de expresión,
rostro indiferente,
gafas,
inocencia,
sencillez,
educación,
ternura,
emoción.
Tres asientos detrás,
unas preciosas pecas miran con amor los rizos de un joven que observa por la ventana con desdén,
crean un clima afable,
crean sonrisas en el rostro del resto de los pasajeros.
Unos jugándose en días como hoy su futuro próximo,
otros de vacaciones disfrutando de..
Espera, ¡guau! La señora con expresión seria que a su lado lee un libro también sonríe.
Eso es noticia.
Muchos se giran, las pecas han conmocionado a gran parte del vagón.
El hombre que hablaba por el teléfono se baja, adiós a su voz humilde y la ternura de sus ojos.
Era retrasado...
Se le notaba...
¿O está mucho más adelantado que el resto?
Se puede ver de varias formas...
A él no le han encandilado esas preciosas pecas ni esos rizos castaños,
él estaba absorto,
parecía no necesitar nada de esto para sonreír.
Creo que está mucho más adelantado que el resto.
La señora seria ya no lee el libro,
ahora escucha disimuladamente la conversaciones de la pareja de enamorados...
disimula muy mal.
Echaré de menos esas pecas.
Siguiente parada,
siguiente tren,
siguiente vagón.
Las cosas vuelven a la normalidad,
no hay pequeños retrasos que hacen avanzar,
no hay pecas, rizos ni señoras serias que leen y de repente sonríen.
Todo vuelve a la normalidad...
Cada día que pasa...
Seguimos soñando.
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