Gonzalo

He sacado tantas, tantas cosas de la tarde de hoy que no sé por dónde empezar.

En primer lugar... ¡madre mía qué forma de nevar! Si escribo tarde hoy es por culpa de la tormenta de nieve, y ya que por una vez tengo excusa quería que la supieras. Impone ir en un coche que va dando tumbos por culpa de las feroces rachas de aire que azotan la carretera, pero más aún impone no poder ver más allá de los próximos diez metros por culpa de la incesante nieve que no para de caer.

Sin embargo, a pesar de que ha sido toda una experiencia, no ha sido la tormenta de nieve lo que ha marcado mi día de hoy. El día de hoy tiene nombre propio, y es "Gonzalo". 

No sé ni por dónde empezar, es tarde y antes de hablarte de lo que hoy he sentido al verle, de contarte qué ha pasado por mi cabeza y qué no ha salido aún de ella a pesar de haber pasado ya varias horas, me gustaría pensar acerca de todo lo que ha implicado la tarde de hoy.

Como breve anticipo, una pincelada: él está mucho mejor, o así he querido verlo yo. El problema es que los que le aman* sufren casi más que él. No es el mismo dolor, no tiene nada que ver el dolor emocional con el físico, cada uno destruye y desgasta a su manera, pero sin duda todos están destrozados.

Son tantas, tantas cosas las que he visto (claras) hoy, las que he aprendido, las que he sentido.. que ni yo mismo creo entender todo lo que ha pasado y todo lo que ha implicado. 
Te ruego me perdones, no estoy preparado para contártelo aún. 
Cuando los días forman parte de una aburrida rutina y algo tan importante como lo de hoy ha llamado a mi puerta, quiero saber hablarte de ello de la mejor manera posible.

Me quedo, por supuesto, con la parte positiva: él está bien y todo marcha por donde debe ir. 
La entrada de mañana no hablará acerca de esto, sino de una locura que tengo en mente, por lo que espero poder hablarte de ello lunes y martes. 

Seguimos soñando.


*: una vez leí en un libro que el verbo amar se utiliza en aquellos casos en los que las palabras "te quiero" se quedan cortas, y el verbo amar da mil vueltas al verbo querer, porque amar es infinitamente más que querer.

Comentarios